Diario de León
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Fuego amigo | ernesto escapa

El diagnóstico sobre el final de los reporteros, una tribu ambulante que acudía a los puntos efervescentes del planeta, allí donde una guerra, un destello de ilusión o cualquier acontecimiento notable atraía la atención de los países civilizados, lo formula el editor y periodista Pedro Altares en uno de los textos esenciales con los que Aurelio Martín articula Seguiremos informando, el volumen conmemorativo de las bodas de plata del Premio Cirilo Rodríguez. Cirilo fue un periodista sobrio, el contrapunto segoviano a las contorsiones del onubense Hermida, con quien alternaba corresponsalía neoyorquina. La bonhomía de Altares le impedía ser concluyente, así que suavizó el acta de defunción con interrogantes. Otro miembro de la tribu, el también fallecido Pepe Comas, apuntaba sin disimulos al periodismo ratonero (por el ratón del ordenador) de corta y pega como causante de la pérdida informativa. Comas, como leonés consorte, era un habitual del Húmedo en sus semanas de descanso, y siempre te sorprendía con hallazgos inesperados. Recuerdo su entusiasmo por las tiendas crepusculares, en cuya bodega hacía pesquisa de objetos en retirada.

Ya puede suponerse que un volumen urdido con sabiduría y destreza por un periodista bregado y de vanguardia, como Aurelio Martín, aborda este repliegue de los audaces en múltiples y lúcidas aproximaciones. Pero no es su objeto la nostalgia de aquel periodismo intrépido. Un par de perfiles del sobrio maestro que fue Cirilo y los ensayos sobre el género de los Altares (padre e hijo) dan paso al retrato de los ganadores y a sus crónicas, cuya lectura pautada ofrece un friso palpitante de nuestra historia inmediata. Seguiremos informando reúne veinticinco piezas magníficas del mejor reporterismo, que firman desde el patriarca Leguineche (sobre Vietnam) o el entonces joven leonés Felipe Sahagún (sobre uno de los apagones de Manhattan) a las más recientes de Javier Espinosa, Enric González, Rosa Calaf, Javier del Pino o Joaquim Ibarz.

Entre medias, prácticamente todos los nombres notables del género, desde los más sobrios a quienes ya apuntaban ademanes de contorsionista. Están Carcedo, Colchero, Martín Domínguez, Tersch, Iraburu, Aznárez, Rodicio, Orozco, Sales, Gervasio Sánchez, Bonet, Elorriaga, Vicente Romero, Canete, Sevilla, Lobo, Cierco y Alcoverro. Y en sus textos, la pulsión de la Lisboa de los claveles, del Moscú de la perestroika, de la derrota de los sueños en La Habana o Managua, de Níger, Beirut, Nueva York, Hiroshima, Tiananmen o Kabul. Una cartografía que recorre los escenarios de todas las guerras, aventuras, entusiasmos y calamidades del último cuarto de siglo.

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