Diario de León

Zapatero cambiará el Gobierno en julio

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Crónica semanal manuel campo vidal

Lo que distingue sobre todo esta crisis de otras anteriores es la velocidad con la que cambian los escenarios. La señora Angela Merkel, en sólo tres días, ha pasado esta semana de cuestionar a Zapatero a elogiarlo por las medidas que toma. Al Fondo Monetario Internacional le ha pasado lo mismo y algún periódico de la derecha populista, que llevó a Zapatero al rincón, ahora cuestiona la convocatoria de huelga general de los sindicatos. Rajoy no se salva de ese cuestionamiento pendular. El inesperado voto negativo del Partido Popular al decreto de medidas de ajuste generó una catarata de artículos y declaraciones críticas hacia la supuesta falta de responsabilidad del líder popular, que va por delante arrasando en las encuestas, pero al que no le viene nada bien esta erosión de calidad. José Blanco lo esculpe en mármol para que no se olvide: «Quedará para la historia que en un momento crítico para nuestro país los nacionalistas demostraron más sentido del Estado que la derecha». Esta semana nuevo reto: decisión en las Cortes sobre tramitación urgente del proyecto de ley para la reforma laboral. Adelantándose a Durán Lleida, Artur Mas, que ya se ve presidente de la Generalitat y que tenía que empezar a bajarse del monte ante el empresariado catalán, ya ha adelantado que sus diputados facilitarán la reforma laboral. En un solo día pasamos por tanto del jaque a Zapatero al jaque a Rajoy. ¿Dirá la derecha esta vez que no, en vez de abstenerse, como ha adelantado su diputado Ramón Aguirre?. Se admiten apuestas. La impresión es que Rajoy no se puede permitir una nueva negativa, que aunque le de algunos votos perdería otros y, sobre todo, credibilidad.

Que Zapatero está muy mal nadie lo pone en duda. Que no tiene más remedio que cambiar el Gobierno en Julio ya lo sabe hasta él y se aplicará a la labor en cuanto ceda la presidencia europea el 30 de Junio. Como tiene el Debate del Estado de la Nación catorce días después, será con alta probabilidad en esas dos semanas, particularmente la segunda, cuando llegue el advenimiento. El presidente del Gobierno entrará así en su última fase en esta legislatura y hasta es posible que en su carrera política. Ha tenido que bascular desde la administración de la abundancia a la imposición de la austeridad. Habrá tenido que soportar el tremendo desgaste que supone dar noticias tan graves como los drásticos recortes y, peor aún, dinamitar su discurso en horas. Pero es cierto que ha demostrado entereza para no derrumbarse ante la adversidad, como a la mayoría le hubiera sucedido. Otra cosa es su futuro político. Ahora le queda por demostrar que sabe administar tiempos duros y para eso necesita otros ministros y seguramente, atención, otras personas al frente de su partido que pasa su peor época anímica desde el referendum de la OTAN en 1986, si se exceptúa el último año de Felipe González, un buen presidente al que le sobró la cuarta legislatura.

Eso es lo que nos espera en las próximas tres semanas: un cierre algo más positivo de la Presidencia europea que comenzó con cohetería excesiva entre la que se coló Mr. Bean, asomado a la página web del Gobierno, una reforma laboral con adhesiones parlamentarias que mitigarán el rechazo en la calle y un nuevo gobierno con personas más adecuada para estos tiempos. Adiós al marketing.

Después ya se verá. Cualquiera se atreve a hacer pronósticos a medio plazo en un momento tan delicado. Pero como nos dijo Mijail Gorbachov, al que pudimos entrevistar el miércoles en Madrid ante quinientas personas, «uno de los males peores de este tiempo es la incontinencia verbal». Para el ex presidente de la URSS ya basta de declaraciones solemnes en las cumbres; se requieren más hechos. Gorbachov sostiene que «el G-20 es un regalo de la crisis porque antes, en el G-8, no estaban sentados interlocutores tan determinantes como China, India e incluso Brasil». Entre elogios al trabajo de Obama y a la esperanza que genera, consideró que el G-20 es un buen paso para comenzar a resolver la crisis de gobernabilidad que afecta al mundo. Y de liderazgo, podríamos añadir.

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