Diario de León
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Al trasluz | eduardo aguirre

Primero fueron unas palabras del presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, sobre «el deterioro físico importante» que había percibido en Zapatero. Después fueron las de Felipe González: «Le ha golpeado la realidad de la crisis y se le nota físicamente», dijo, y añadió que, no obstante, le veía con fortaleza psíquica para soportar la amenaza de desgaste electoral que algunas decisiones pueden conllevar. Ambas declaraciones denotan una encomiable vocación sanitaria, no sé si tardía. El rostro de Zapatero es - resulta obvio- un mapa de preocupaciones-, pero más inquietante aún sería que no las tuviese ni las reflejase. Ojeras, pérdida de peso, encanecimiento acelerado del cabello-¦ ¿podía ser de otra forma con esta crisis? Un psiquiatra se preguntaba en ABC si Zapatero está en condiciones psíquicas para gobernar. Como no es su paciente, ni lo conoce en persona, justifica en la Biblia su diagnóstico: «por sus obras los conoceréis», y entre la larga lista de indicios de deterioro señala «unos trajes que no terminan de sentarle bien». Vale, Freud. Un desánimo excesivo puede ser un lastre, pero a mí quienes de verdad me inquietan son los imperturbables, a aquellos en quienes nada hace mella porque la vida no va con ellos, sean del partido que s ean.

A Rajoy en unas semanas le cayeron años encima con las deslealtades previas al congreso de Valencia. Y ese dolor le dignificó. ¿Y cuántos siglos les han caído a Obama? Sí, cuidado con los impertérritos, son los peores. A los líderes debemos exigirles que sepan más que nosotros, que sean más fuertes, pero no emocionalmente distintos. El paso del tiempo no es el único ladrón de nuestra juventud. Una deslealtad ¿por cuántos inviernos vale? No soy psiquiatra, pero he leído dos o tres libros de Historia, y casi todo Shakespeare.

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