la opinión del lector (III)
La esperanza de algún día
Un día, cuando yo era casi un niño, tenía fe en la política. Hoy, lo veo todo distinto y lo aprendido me sitúa en una posición muy difícil. Y voy a decir por qué. El transcurrir del tiempo me enseña que no hay ideales mejores ni peores, sino hombres que hacen a éstos buenos o maléficos. Todos parecen tener las mejores intenciones —al menos eso dicen—, pero luego veo estas minimizadas por la evidencia de las manifestadas ideologías. Cuando veo a una persona que alardea de conciencia limpia y pura y contemplo sus míseras reacciones cotidianas, me digo que quien es ruin en lo poco, en lo mucho no tendrá rival. Cuando compruebo que el ser humano abandona amores sagrados, desprecia la impotencia de los que le rodean y supone pésimas intenciones en todo individuo de otra posición intelectual sólo por ser de su misma opinión, sospechando toda suerte de maquiavélicos planes en su conducta, mi decepción no tiene límites. No se puede alardear de espiritualidad ni humanismo cuando se permite el sufrimiento alrededor. Y no el sufrimiento universal, que ante él está uno impotente en su pequeñez, sino el que proviene de pequeñas exigencias, de incomprensión, de falta de caridad social y de tantos minúsculos matices que demuestran que el hombre o mujer que dice sentir amor altruista por la Humanidad no es sincero. Esto es únicamente una postura romántica que no compromete a nada. Es fácil enjugar una lágrima contemplando el panorama que ofrece la guerra de cualquier lugar, pero lo es menos el hacer el trabajo de otro una hora, el hacer una caricia, el sacrificar un día de sol en bien de alguien próximo y amado. Es hermoso criticar la crueldad ajena, que provoca hecatombes monumentales, pero es dificilísimo sacrificar una hora de sueño por secar el sudor que el que convive con nosotros derrama tal vez en nuestro beneficio. Si comenzásemos por ahí, y cada cual, sin necesidad de presiones, ofreciera el ejemplo de lo que puede ofrecer tal sociedad o tal otra, habríamos alcanzado la meta de una humanidad más socializada y más sublime. Algún día tal vez sea una realidad y todo lo que hoy son egoísmos y envidias se convierta en caridad y amor. Pareja a esta reflexión, hoy, desde este foro, quiero exponer en voz alta, que los políticos también son humanos y aunque parezca que están hechos de otra pasta, e inclusive que no son sensibles y que en algún momento uno puede llegar a pensar que están en el séptimo cielo y que no pisan la tierra ni para comer, vemos cómo cuando hay víctimas de un atentado terrorista, se ponen al lado de sus familiares y sienten el dolor y la desesperanza. Estos segundos de silencio tan expresivos son una muestra muy clara de que los políticos también son humanos y que ello nos sitúa con una gran esperanza para que algún día este pensamiento pueda ser una hermosa realidad.