Diario de León
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Tribuna | á. g. fernández

Viene oyéndose últimamente por todo tipo de foros y afirmándose necesaria por todo tipo de gente sesuda e interesada. ¿A qué me refiero? Al tan traído y llevado copago de la sanidad pública. No menos se oye por todos los lados la necesidad de reajustar el mercado financiero, léase los bancos y sobre todo las cajas de ahorro, para poder sobrevivir en este tiempo, revuelto y pendenciero, donde el capital fuerza nuevamente las voluntades sociales en favor de los de siempre. Y teniendo en cuenta ambos problemas y viendo que a estos últimos las circunstancias les apremian a unirse, a concentrarse, para reducir gastos y ya sabemos que para otras cosas que no vienen a cuento, uno llega a pensar que el ahorro no está en hacernos pagar más a los ciudadanos de a pie sino en descabalgar a muchos jinetes del corcel público, en reducir el tamaño de las administraciones, en concentrarlas, en agruparlas y así fortalecer el sistema que nos ha de servir. ¿No sería más rentable un solo ministerio de sanidad o de educación o etc que una retahíla de consejerías desperdigadas por el territorio patrio en número tan considerable como lo es el de comunidades autónomas? Siempre nos saldría más barato un ministro que 17 consejeros autonómicos, siempre nos saldría más barato un ministerio que 17 consejerías con sus altos cargos políticos, sus coches oficiales, sus dietas, etc. Siempre nos saldrían más baratos los entes y empresas estatales que nos dan servicio a todos y a las que algunos quieren echar el diente para beneficio propio que esa cantidad indefinida de entes, empresas públicas y demás champiñones políticos de difícil justificación y que tanto han proliferado en esos nuevos reinos de taifas, que se nutren, a diferencia de los estatales, del dedo gobernante y de los cuales no recibimos ninguno bien palpable. Pero aquí no nos topamos con la iglesia, como diría don Quijote, aquí nos estrellamos contra los intereses de los partidos políticos que son los que más tienen que perder. Respecto al ciudadano la cosa está clara: a menos intermediarios más eficiencia y a las pruebas me remito. No por estar trasferidas esas competencias han mejorado su servicio mas bien al contrario.

Y hoy nos dicen que no hay dinero para la sanidad como intentando convencernos para que abramos la cartera. Nos dicen que tenemos que arrimar el hombro pero seguirán gastándose ingentes cantidades de dinero público en propaganda institucional, en crear identidades diversas y diferentes de las de sus vecinos de al lado (léase comunidad de al lado), en hacernos parte de su proyecto convirtiéndonos en su rebaño particular, en sus mansos contribuyentes, en sus justificadores. Y no dudéis que si vienen contra ellos dirán que nos atacan a todos (como ya ha ocurrido más de una vez)

¿Cuánto nos cuestan las comunidades autónomas? El café para todos de aquellos primeros años de democracia nos está saliendo muy caro. Creo que habría que reformar la administración empezando principalmente por las comunidades y terminando en los ayuntamientos. El dinero público parece que no es de nadie pero lo quieren todos y hay que exigir que lo administren con más cautela que si fuera propio, que nos administren bien y al menor coste posible. No podemos seguir consintiendo que hagan campaña política con el erario público, que nos vendan obras como si nos las regalaran cuando están pagadas con el dinero de todos y ellos son sólo los administradores. ¿Cuántas pequeñas obras, y no tan pequeñas, hemos visto innecesarias y que nos las vendían como si fueran la panacea? En estos casos siempre me ha quedado la duda de si se trataba de justificar el gasto para dar un negocio a algún amigo, correligionario o simpatizante político o simplemente eran fuegos artificiales para entretener y ganarse a la masa votante.

Parece mentira que en la edad de las comunicaciones, de la informática y de las nuevas tecnologías consintamos en esta hinchazón administrativa que nos arruina. Hemos tenido varias reestructuraciones en los últimos 30 años, pero durante los mismos han crecido como una plaga de roedores los cargos políticos con su correspondiente administración a la espalda. Es hora ya de exigir una racionalización de esta administración que nos arruina. Es hora de limpiar de parásitos las instituciones que nos gobiernan. No podemos consentir que nos roben el futuro ni justificar sus prebendas. Tenemos el deber de demandar la reestructuración política y administrativa de una vez por todas, que digo demandar, reclamar, ordenar. Obligar a los que nos sirven a ser eficientes y económicos. Hacerles servidores y no reyezuelos.

Necesitamos eficacia y eficiencia que no son sinónimos de privatizaciones sino de planificación, trabajo, responsabilidad y rigor. Necesitamos resultados positivos ya.

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