Diario de León
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Irreverencias | C. CHAMORRO

No deja de tener un punto de curioso, de positivo pero con un poso amargo y de falta de plenitud. Me refiero al razonablemente considerable despliegue de banderas españolas en ventanas, balcones, enseres y coches. La selección española de fútbol está consiguiendo lo que no habían logrado, porque ni siquiera lo han intentado con convicción, los gobernantes de este nuestro país, antes España.

Parece que la bandera se identifica sólo con la selección pero es un primer paso para exhibirla con legítimo orgullo y sin prejuicios atávicos, como representación de un país. Hace falta que cuando la selección española acabe su paso por el mundial, ojalá ganándolo, seamos capaces de llevar una bandera de España en una muñequera, en una insignia o en una camiseta sin complejos. Porque todavía hay varias generaciones en las que llevar la bandera de España con nosotros despierta sentimientos encontrados, fruto del mal uso de antaño y de -”como siempre-” una carencia educativa con el sentimiento de país, ignorando que data de 1785 y que se mantuvo durante la I República. Pero déjeme que haga una reflexión de los jugadores que, seguramente sin pretenderlo, están provocando este pequeño movimiento social, con diferencias según comunidades, para sorpresa y contradicción con los componentes del equipo y con lo que caracteriza al juego de la selección, su carácter -a pesar de la variada procedencia de los jugadores-, precisamente lo que define a una nación según Salvador de Madariaga, por cierto, republicano. Veamos. Los dos Xabis, son, precisamente, de Tarrasa, Barcelona -”Hernández-” y de Tolosa, Gipúzcoa -”Alonso-”. ¡Qué casualidad! Y parece que nadie reniega de ellos en sus pueblos y que ellos están bastante orgullosos de lo que hacen. Pero es que Carles Puyol es de La Pobla de Segur, Lérida; Gerard Piqué (su segundo apellido es Bernabéu, qué se la va a hacer) es de Barcelona; Javier Martínez, que juega en el Bilbao, es de Lizarra, Navarra; Joan Capdevila de Tárrega, Lérida; Fernando Llorente, también en el Bilbao, es de Pamplona; Sergio Busquets, de Sabadell, Barcelona; Cesc Fàbregas de Arenys de Mar, Barcelona; y a todos parece que les pasa lo mismo que a los Xabi. Claro, siempre nos quedará Iniesta, de Fuentealbilla, Albacete; Torres, de Fuenlabrada o, como no, Villa, el asturianín. Pues parece que todos estos chicos se entienden, juegan con un carácter común, como la nación de Madariaga, y no los excomulga nadie. ¿Usted lo entiende? Pues a mi me pasa como a Groucho Marx cuando dijo: «Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cinco años!».

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