Viejecitos lindos
En blanco | javier tomé
Una batería de noticias relacionadas con excesos perpetrados por hombres y mujeres de la llamada tercera edad, también conocidos como viejecitos lindos, viene a confirmar aquello de que las señoras ocupadas en trabajos de ganchillo y jubilados volcados en sus partidas de julepe ha pasado a la historia. La vida de naftalina que llevaron nuestros abuelos nada tiene que ver con historias de superación personal como el romance que mantienen una mujer de 72 años y su nieto de 26, avecindados en Indiana, que además de confesar públicamente su relación incestuosa han informado que esperan el bebé de una «madre de alquiler». Un asunto sobre el que existen dos versiones: la corta y la larga. Si analizamos la primera posibilidad, a los más pusilánimes les escandalizará sin duda lo que consideran un despropósito repugnante. Para los más pragmáticos, sin embargo, se trata de un asunto privado que ni fu ni fa. Otro experimento chiflado referido a cuestiones de entrepierna ha llevado a la muerte a un Matusalén, que en cierto motel de Chile se atiborró de Viagra para enarbolar el pendón bien alto durante el cuerpo a cuerpo que iba a cumplimentar. Por lo visto, Dios siempre tiene sus propios planes.
Más madera-¦ Con las malas artes de un tigre de Bengala, cuatro jubilados alemanes secuestraron a su asesor de inversiones para pedirle explicaciones, a pescozones y bofetadas, sobre la pérdida de un patrimonio de 2,4 millones de euros que pertenecía a los agraviados. Puesto que la amabilidad está sobrevalorada, el juez no ha tenido en cuenta el pequeño detalle de la estafa y ha enviado a chirona a Fu-Manchú y sus secuaces, con el loable propósito de que reproduzcan su paraíso doméstico entre rejas. ¡Cosas veredes! En el Olimpo del selecto registro de viejecitos lindos se halla la Khvichava, una mujer georgiana que a sus 130 años se alimenta a base de vodka. Bendita ella.