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León

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Tribuna | saturnino alonso requejo

licenciado en filosofía

En al Diario de León del pasado 15 de junio, Carmen Tapia hace una entrevista a la psicóloga Nuria Alonso, que leí con detenimiento, dada la enorme importancia del tema. Primero, gracias, Nuria, por sacar a la luz esta asunto. Mejor levantar polémica con esta materia qua entretenerse narcóticamente en la última tendencia da la moda.

Pero voy a permitirme el atrevimiento arriesgado de poner bajo sospecha algunos contenidos, no sé si de la psicóloga o cosecha de la entrevistadora.

1º La definición descriptiva da la creencia reza así: «Una creencia es una carga emocional muy fuerte... Es el sentimiento da certeza sobre el significado de algo. Es una afirmación personal que consideramos verdadera... Las creencias son algo exclusivamente personal».

Yo pregunto: ¿Qué asuntos entran en el saco de las creencias a que se refiere Nuria? ¿El horóscopo? ¿Las caras de Bélmez? ¿Los mitos existentes en todas las culturas como explicación de los misterios del mundo? ¿Las religiones? ¿Los sistemas morales? ¿Los sistemas educativos? ¿Las ideologías? ¿Las leyendas urbanas? ¿Que los niños vienen de París o los trae la cigüeña? Porque es peligroso no delimitar al campo de las creencias o condenarlas en un mismo juicio.

Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía, hace un repaso del pensamiento filosófico en esta materia. Podemos resumirlo así:

-”El ser humano vive de la Razón, la Intuición y las Creencias, como fuentes de conocimiento.

-”Todas las culturas echaron mano del Mito para explicar el mundo y el sentido de la vida.

-”La filosofía cristiana, entre otras, habla de «creer para entender», sabiendo que la creencia, al ser simbiótica, es anterior, vital y psicológicamente, a la comprensión racional.

-”Creencia y razón no se contradicen, sino que aportan dos tipos de conocimiento complementario: creer para entender y razonar para seguir creyendo.

- La Creencia no es un fruto del voluntarismo psicológico (como apunta Nuria). La creencia no es algo que se tiene, como se tiene un dolor de muelas, sino algo que se es, como somos pensamiento, intuición, sentimiento, amor, etcétera.

-”Ortega y Gasset dice de la Creencia: no es pensar una cosa, sino «contar con ella», vivir en ella como si fuera el habitat natural de la espacie humana. La Creencia no es una particularidad de la psicología individual, sino una totalidad metafísica de la Vida humana. La Ciencia, la Religión y al Arte son reacciones del hombre ante una situación vital; instrumentos que maneja la vida ante las realidades problemáticas.

Y añado yo: sin creencia, el ser humano cojea.

2º En la entrevista que digo, se intuye una condena general e indiscriminada a las creencias, hasta el punto de que los portadores de las mismas necesitaría una «terapia regresiva». Se dice en la entrevista: «una educación que inculca a los más pequeños de la casa ideas sobre la moral y la vida, difícilmente pueden ser cambiadas en el futuro».

En este punto me veo obligado a preguntar: ¿piensa Nuria que no se deben inculcar a los niños ideas morales, o el sentido de la vida, del amor, de la amistad, etc? ¿O que no hay nada en la existencia que podamos considerar estable? Pues a mí me parece que una sociedad, sin valores estables es carne de psiquiatra. Y añade Nuria, sin especificar: «Nos educan sin darse cuenta de que nos transmiten miedos y emociones no superados por ellos» (padres, educadoras).

Cuando esto acontece, se necesita, efectivamente, una Terapia Regresiva, o de otra clase». Pero si no s3 limita el campo de esta afirmación, habrá que ponerse en guardia.

3º En un tema tan importante y resbaladizo, no se puede utilizar un lenguaje generalizado, impreciso y oscuro. Debería especificarse qué creencias son positivas, negativas o neutras; qué normas morales son plausibles o condenables; qué enseñanzas apuntalan al ser humano o la falsean los cimientos. Convienerecordar aquello de Ortega: la claridad en al pensamiento y el lenguaje son la cortesía del filósofo. Y yo añado que el «fetichismo del lenguaje» se esconde en la cueva de la imprecisión, la generalidad, el saco único. En verdad que estos lenguajes necesitan, con carácter de urgencia, una Terapia Regresiva.

4º En cuanto a las creencias «exclusivamente personales», es una pedrada al ojo del hombre como ser social; pues nacemos sociales, pensamos socializados, sentimos socialmente, amamos en una sociedad y nos entierran dentro de un rito social. Cuando al individuo asume las prácticas sociales, dicimos que está socializado. Y el que no se socializa está destinado a vivir fuera de la sociedad y de sí mismo. En la afirmación de Ortega «yo soy yo y mi circunstancia» señala los dos componentes de la persona: su naturaleza (el Yo) y su historicidad (la circunstancia cambiable). Si algún individuo fuera capaz de tener un pensamiento completamente propio o una creencia exclusivamente suya, este tal necesitaría una Terapia Regresiva y hasta un psiquiatra de cabecera.

5º La necesaria socialización conlleva,en gran medida, una represión del individuo. Como mínimo, destruiría al ídolo individual de oada uno al que Francis Bacon (1561- 1626) llamó idola specus o de la Cueva: los errores da cada, uno originados por los instintos primarios, las pulsiones, los caprichos. Eso que Freud llamó el ello o impulsos que buscan su satisfacción, y que el super-yo intenta reprimir. En la matriz de esta lucha acontece la socialización, la civilización y la cultura. De otra manera, seguiríamos en las cavernas. La libertad posible que nos queda la anotó Sartre con esta afirmación: «Algo podemos hacer con lo que han hecho de nosotros». Y el gran pediatra Aldo Naouri, en su libro «Educar a nuestros hijos una tarea urgente» afirma que la mayor represión que sufren nuestros hijos es dejarlos a merced de sus instintos, pasiones y caprichos. Estarían condenados a la tiranía del ello y a la caverna de sí mismos.

6º Las religiones establecidas, en sus líneas maestras, proponen un sistema de vida bueno para el individuo y rentable para la sociedad. En el caso del Cristianismo, el pilar sería el amor.

A este propósito conviene recordar la novela de Unamuno San Manuel Bueno Mártir : aquel sacerdote sin fe que permaneció toda su vida como párroco de San Martín de Castañeda (Sanabria) porque las prácticas religiosas hacían felices a sus feligreses.

7º Socavar indiscriminadamente los cimientos de la creencia, so capa de libertad, es «tirar al niño con el agua sucia de la bañera».

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Por mi parte, brindo por la creencia como aquella parte de la condición humana que aspira a levantar la vida humana a su natural condición metafísica.