Unas preguntinas
Al trasluz | eduardo aguirre
Sin ánimo de organizarle la agenda al señor alcalde, debería ir a consultar al pulpo Paul. «Si yo iría hoy mismo», puedo imaginar que me contesta, «pero es que la oposición los únicos de mis viajes que no cuestiona son los que hago al excusado». Pues entonces que lo haga acompañado de una comitiva municipal, con representantes de la oposición, bajo el lema común «Tengo unas preguntinas para usted». Que si la plaza de Santo Domingo, que si los recortes a los clubes, que si la presidencia de la nueva caja, que si el candidato del PP-¦ cada partido que haga las suyas. En este país se pregunta poco, pero se contesta mucho; quizá porque preguntar implica cierta modestia, asumir que algo se desconoce, aunque sea la hora que es; en cambio, para contestar no se necesita ni siquiera tener reloj, más aún, tampoco que te hayan preguntado. Por ello, a un político pedirle su parecer a un cefalópodo ha de resultarle mucho más llevadero. No compiten. Aunque no sería el primer animal que toma decisiones políticas, pero tan espinoso tema mejor lo dejamos para otra columna. Su minuta de adivino siempre será menor que la de una consultoría donde te cobran por decirte aquello que quieres oír, pero con gráficos y logotipo. «Es que con esta crisis desplazarse hasta Alemania-¦». Si es por ahorrar, puede intentarse preguntando a un pato del Coto Escolar o convocando en sesión de espiritismo a Copito de Nieve, pero no es lo mismo. Las grandes cuestiones, siempre con los mejores. Con las cosas de comer no se juega. Dicha comitiva municipal debe comprometerse a acatar lo que el bicho sentencie, y no vale aprovechar para preguntar, cuando nadie mira, en qué número caerá este año el gordo. Dinero no habrá, pero aquí el que no se desternilla es porque no le da la gana o porque le han pisado un callo.