Diario de León
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El corro | pedro vicente

Fue sin duda el ministro revelación en aquella remodelación de Gobierno que se llevó por delante al vicepresidente S olbes y de la que (nadie lo diría cuando se está esperando un nuevo reajuste) tan solo han pasado quince meses. Aprovechó el mal ambiente dejado por la inefable Maleni Álvarez para irrumpir como un ciclón en Fomento. Sorprendió a propios y extraños dándose un piquito con Esperanza Aguirre con el que lanzó un guiño dialogante a todas comunidades autónomas, sin exclusiones, en materia de infraestructuras.

En Castilla y León el nombramiento de José Blanco fue acogido de forma alentadora. Aparte de que las relaciones entre la Junta y su antecesora fueran difícilmente empeorables, concurrían otras dos circunstancias que podían redundar positivamente en los intereses de esta comunidad autónoma. De un lado, nuestra situación geográfica de puente entre Madrid y Galicia, tierra está última en la que el ministro no podía defraudar. De otro, su condición de mentor político del secretario autonómico del PSOE, Óscar López, quién podría rentabilizar políticamente los logros del ministerio de Fomento.

Blanco estrenó el cargo como si la crisis no fuera con él. Presumió de contar con 20.000 millones de euros para invertir en infraestructuras y recorrió España confirmando todos los compromisos anteriores y asumiendo otros nuevos. En el caso de Castilla y León, por si fueran pocos los proyectos pendientes de ejecución, se descolgó un buen día anunciado un estudio sobre la viabilidad de una línea de AVE entre Valladolid y Soria, algo de auténtica aurora boreal.

Pero el ministerio de Fomento no era una burbuja de cristal blindada contra la adversidad económica. Y su estrella languideció el día que alguien (seguimos sin saber exactamente quién) decidió que en España lo prioritario era combatir el déficit público, medida que inevitablemente conlleva la caída de la inversión en obra pública. El fatídico plan de ajuste anunciado el pasado 12 de mayo cifró en 6.400 millones de euros el recorte en las inversiones proyectadas por el ministro Blanco. Más de dos meses han pasado desde entonces y ésta es la fecha en la que el titular de Fomento sigue sin concretar los proyectos y obras afectadas por eso que se ha dado en llamar «reprogramación» de las inversiones en su ministerio. En el papel victimista habitual de la Junta, el consejero del ramo en Castilla y León, Antonio Silván, se ha puesto en lo peor y vaticina que esta comunidad autónoma va a salir muy mal parada de los tijeretazos que ha de dar Blanco. Indicios hay. Conocida su intención de cargarse la línea de AVE entre Palencia y Santander (que, además de irritar a Revilla y poner en riesgo el futuro del actual pacto de gobierno en Cantabria, está ya adjudicada, lo que obligaría a indemnizar a la empresa adjudicataria) motivos hay para ponerse en lo peor.

Al margen de la ralentización -cuando no en determinados casos congelación sine díe, de la alta velocidad ferroviaria- autovías tan prioritarias para vertebrar el territorio como la Valladolid-Soria o la León-Valladolid van a tener que se guir esperando. Y, lo que es peor, nadie sabe cuántos años.

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