Diario de León
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El rincón | manuel alcántara

Era una musa de carne y hueso, pero alguien ha pagado ahora 36.600 euros por tres radiografías suyas. Quizá sea el único que quiera conocer por dentro a aquella prodigiosa y disparatada criatura de la que se dijo que nadie podía describirla sin mover las manos. Marilyn Monroe tenía algo de guitarra y de fruta contenta. Era, al mismo tiempo, la manzana y la tentación y tuvo los 53 kilos más armoniosamente distribuidos de su época. A veces abusaba un poco. Por ejemplo, en Niágara se movía como dos niños peleándose dentro de una mesa camilla. No fue mala actriz, aunque todas sus virtudes estaban ocultas por la más evidente, que era la magnética atracción que ejercía gracias a eso que llamamos encanto. A estas alturas de su muerte, sabemos por tantos biógrafos serios y tantos cotillas disfrazados de detectives, que fue la suya una vida desgraciada. Ahora lo que más se cotiza son sus reliquias. Por el cuadro de la rubia apócrifa pintado por Wesselmann se han pagado en Madrid 180.000 euros. Aparecen sus labios entreabiertos, surcados por el humo de un cigarrillo y está considerado como una joya del pop art. También ha salido a la venta, por más de tres millones y medio de euros, la casa donde murió o la mataron, entre las colinas de Beverly Hills y Malibú. Una residencia estilo español donde ella sólo pudo residir seis meses. stán de moda las reliquias de las celebridades y los millonarios acumulan vestigios. Les da igual que sean de un profeta, de un héroe o de una actriz de Hollywood. Por un botón de la casaca de Napoleón, que debía de tener cientos, se ha pagado una fortuna hace poco. No importa, quedan muchos. También quedan bastantes clavos de Cristo. Como para surtir a varias ferreterías. Las reliquias de Marilyn son auténticas. Aquella estupenda muchacha locatis no era ninguna santa, ni ganó más batallas que las que se desarrollan en campo de pluma

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