Diario de León
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Aquí y ahora | victoria lafora

Hace casi ocho meses que la sede diplomática de Marruecos en Madrid permanece vacante. Es todo un síntoma de que las relaciones con el siempre complicado y reivindicativo vecino del sur no atraviesan un buen momento. Fue Mohamed VI quien propuso el nombre de un miembro del Frente Polisario, que se había pasado a Marruecos, traicionando a su pueblo, como candidato a embajador. Ante el tufo de clara provocación, Exteriores se limitó a retrasar el placet. La respuesta ha sido la esperada: si no os gusta este no habrá ninguno.

Mientras tanto, al calor del verano, se monta una campaña que va subiendo de volumen y en la que con brillante habilidad se logra implicar a las más importantes ONG marroquíes acusando a la guardia civil de Melilla de malos tratos a los subsaharianos que intentan entrar en la ciudad. Como ya ha ocurrido en incidentes anteriores la estrategia de la casa real alauita pasa por implicar a diversos sectores de la sociedad de forma escalonada, haciendo coincidir intereses comerciales con denuncias. Tras las más que tensas relaciones del Gobierno Aznar, que por el islote de Perejil a punto estuvo de pasar a mayores, parecía que la llegada de los socialistas al poder había suavizado una vecindad siempre incomoda. A lo largo de sus dos mandatos Zapatero ha practicado una diplomacia de guante blanco, que en el tema de la inmigración ha dado muy buenos resultados. A cambio Marruecos ha contado con un aliado fiel para colocar todos sus productos agrarios en la UE. Pero el tema de Ceuta y Melilla sigue ahí, y ni la relación «fraterna», o de «primos hermanos» que los monarcas de España y Marruecos parecen disfrutar evita que Mohamed VI utilice ambas ciudades como excusa para desviar problemas internos. Más aún si el Gobierno de Madrid pasa por su momento de mayor debilidad con una oposición que en el tema marroquí considera que la única política es «Santiago y cierra España».

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