Diario de León

El tranvía o la historia de otro matadero

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Tribuna | MÁXIMO SOTO CALVO

MIEMBRO DE LA ASOCIACIÓN PRO IDENTIDAD LEONESA

No sé muy bien por qué estoy escribiendo sobre el tranvía. En verdad no tengo elementos de juicio suficientes ni para aprobarlo ni para repudiarlo. Lo que sí tengo claro es que estando por medio la Junta autonómica, ésa que recientemente he leído denominar Yunta autonómica, alusión en cursiva que me permito sugerir al lector la valore oportunamente, digo que estando por medio la Junta, en temas leoneses, toda prevención es poca. Y dicho esto, acabo de justificar mi motivación principal.

¡Ah!, y a qué viene lo del Matadero, se puede preguntar el lector. Respetemos el suspens e, «lo veremos después de la publicidad». En mi libro recientemente publicado Legio-¦ Érase una vez , editado por Lobo Sapiens, en su conjunto una sencilla crónica del León que he vivido, o el que vivieron unos personajes de ficción que recomponen partes de nuestra historia, en sus páginas finales, bajo el epígrafe: León, ¿ciudad de marca? , el de nuestro hoy, analizo la opinión de un asesor del ayuntamiento de Barcelona, concretamente Tony Puig. Respecto a nuestra capital decía éste: «Una ciudad invivible hace unas décadas, anclada en la Edad Media ha conseguido transformarse conjugando tradición y modernidad optando por el mejor museo de arte contemporáneo, remodelando el centro-¦»

Un tanto perplejo por ello, en especial por su valoración del museo, a buen seguro desconociendo que nos lo «proporcionó» la Junta, con los suficientes retrasos para poder desviar hacia Valladolid, la importantísima colección de más de ochocientas obras de la Asociación de Arte Contemporáneo de ámbito nacional-¦ que antes que nadie nuestros artistas habían solicitado para León.

El museo, que en las mismas páginas me he permitido calificarlo, respetuosamente, como contorno en vidrio de colores de grandes módulos tan diáfanos como vacíos; hoy añadiría que vale para todo, acaso por lo de ser moderno.

A parte de esa disquisición, y no menor, nada hubiera dicho que no significara agradecimiento para el señor Puig por habernos citado como ciudad de marca, en su artículo Se vende ciudad en la revista Ábaco, que edita el BBVA, de febrero del año pasado. Lo malo es que, después del párrafo que he trascrito, añadía: «Y lo ha hecho contando con los ciudadanos», lo que me empujó a discrepar en buena medida de lo dicho por él.

No conozco las razones que le llevaron a escribir esta última aseveración, pero me permitido calificarla como alejada de nuestra realidad de ciudadanos que cuentan muy poco para nuestros políticos en tareas de gestión municipal de ayer y de hoy, salvo honrosas excepciones, éstas más de antes que de ahora.

Y dicho esto continúo con lo del tranvía, todo un invento en su momento que se fue sustituyendo por otros medios de locomoción compartid y que ha vuelto a rescatarse en muchas capitales; eso sí, mediante otros de más elegantes formas, no contaminantes ni en humos ni en ruidos. Pero requieren la misma red de catenarias, cables y soportes metálicos de antiestética presencia, cual otra forma de contaminación, que en nuestra población de calles estrechas se ha de soportar mal. Cuestión bien distinta es que a nuestro querido Hullero, reconvertido, se le hubiera hecho rodar circundando parte de la ciudad.

La Junta, en vez de ayudar hoy, o discrepar si es que tiene razones y poder para ello, no debe alentar al Partido Popular leonés a la confrontación abierta en el consistorio. Pero ya se sabe cuanto peor para León, mejor. Tal efluvio se desprende siempre de sus actuaciones.

Recordémonos, años atrás, cuando el señor Juan Morano Masa, alcalde elegido, se empeñaba en la construcción de un gran matadero y todo eran trabas desde el ente. Los dirigentes de la Junta, por aquel entonces del Partido Socialista, se empecinaban en cerrar el viejo existente en José Aguado, con alguna razón sanitaria sin duda, pero no a cara de perro y por ser Morano alcalde de León, como se desprendía de la actitud tajante.

Morano llevó a cabo, por tal motivo, una huelga de hambre, lo que se nos antojaba como una postura valiente de quien de palabra venía rechazando la autonomía con Castilla. Reconozco haber sido uno de los leonesistas engañados por sus actuaciones primeras, incluso fui a darle ánimos en aquella huelga, presentándome como un leonés nada más; hoy, visto lo visto y con la perspectiva que da el tiempo y la distancia, la catalogaría de esperpéntica y su comportamiento utilizando el leonesismo social, como indecente, deshonesto y fundamentado en su egocentrismo, que nos retenía en tanto otros tomaban posiciones en un ente que desde entonces nos atenaza.

Allí, en los habitáculos municipales de la huelga, había un letrero, no recuerdo bien el eslogan, pero si que se citaba a la Yunta . Ahí nos damos cuenta que no importa la mano política que dirija el ente; para los leoneses es y será nuestra bestia negra. Ejemplo muy claro, doloroso y nefasto es su tolerancia para la A-60 pasando sobre los restos de Lancia, destruyendo nuestro patrimonio, pues ni ven, ni oyen, ni entienden lo leonés, o lo que es peor, lo desdeñan poniendo cara de póquer, en tanto nos apuntillan, en un hipotético matadero, los preciados tesoros que nos identifican como pueblo histórico.

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