El tranvía, ideas en conflicto
Tribuna | PEDRO RABANILLO
Al parec er, existe en la Federación Rey Ordoño un gran interés en reivindicar el tranvía para León. Sinceramente, no entendemos lo que su instalación representa para el futuro progreso de la ciudad. Hay otras de superior rango y entidad y, no sólo no los instalan, sino que aquellas que lleva años circulando los han erradicado por obsoletos estorbos urbanos. Una urbe con miras de futuro no se dinamiza obstaculizando el paseo de los ciudadanos/as, ni la circulación de otros vehículos de recorridos alternativos accediendo puntualmente a las exigencias de posibles cambios de rutas. El tranvía es un vehículo arcaico de movimiento fijo; nunca se podrá alterar el itinerario fijado, por lo tanto una incuestionable molestia y antiestética vistosidad.
Nos sorprende enormemente que dicha federación, según las asociaciones significadas, demanden un interés tan desmedido, sólo por apariencia y puro romanticismo, nunca por necesario y rentable, llegándose a subvertir la belleza arquitectónica de la hermosa León. La desubicación de la fuente de Santo Domingo representaría una estúpida ruina de imposible recuperación y, no digamos el apeadero de Ordoño emulando los ancestrales recorridos de los trenes: correos y mixtos, dejando una impronta devastadora, cambiando la actual estructura por el campanilleo de salidas y llegadas del viejo carromato urbano. Cuando en las demás ciudades con preocupación de progreso tratan de ocultar los caminos de hierro para darles aire de desahogo y limpieza paisajística: en León se empecinan en colocar un antiguo y ridículo medio en el centro de la ciudad; el más representativo espacio de cuantos dispone la bella Legio. Un inigualable núcleo residencial y comercial, históricamente rescatado del empuje de los nuevos tiempos.
Por otro lado tenemos a la Plataforma Guzmán el Bueno, que auspiciando un buen criterio, trata de desensoñar a los que arrullados por unos cantarines aires de grandeza son incapaces de despertar a una realidad encaminada a exigir otras necesidades que ejemplifiquen con buenos deseos los irrenunciables retos a que aspira este genuino León; de inmerecido olvido histórico al que políticos/as de turno se han dedicado a consumir la savia de su legado identitario a cambio de acceder a enterrar la memoria de su glorioso pasado. La inmensa mayoría de leoneses/as apoyamos la iniciativa de esta asociación; ya nos gustaría saber (no dan cifras) cuántas personas se decantan por la que amparan la Rey Ordoño, ya que, a pesar de ser varias las asociaciones, nos da la impresión de que se trata de las mesas directivas y poco más. Debo aclarar que esta opinión la maneja quien subscribe, pero que tengo muy seguro que esa instalación, lejos de darle aires de modernidad y atractivo al entorno, la convertirá en un arrabal marginado, como aquellos por donde se extendían las redes ferroviarias y la ubicación de estaciones y apeaderos, de paso. Este parecer personal se deba a las expresiones de algunos/as entusiastas de la obra, al manifestarse diciendo: que la introducción del ferrocarril de Feve en la ciudad (está en Renueva) obedece a una vieja aspiración de León. ¿De qué León? Del que quieren insuflarnos esas personas, escasas afortunadamente, de pensamiento y sentimiento retrógrados, sin más horizonte que el de evidenciar obsoletas aspiraciones.
Para llegar a esta conclusión -”siempre personal-” he tratado de informarme debidamente de como funciona la red de autobuses que prestan servicio al espacio capitalino y al de su alfoz; y sinceramente, después de haberme recorrido todas las líneas, puedo dar fe de que es un lujo contar con una infraestructura que no me extrañaría fuera la envidia de otras ciudades de mayor rango y población. Por tanto, tratar de arrinconar este servicio para dar satisfacción a idealistas de medio pelo, no se justificaría jamás, ni por inversión económica, ni por el empleo de personas en para. Hay otras necesidades más urgentes, donde sí se podrá fijar la colocación haciendo más rentable su ejecución.
Después de haber expresado mi modesto punto de vista, quizás con acusada vehemencia, demostrando que el transporte urbano está más que garantizado en horarios y recorridos, completando la comodidad y las urgencias con un excelente parque de taxis: ¿Qué les queda la por partidarios/as del innecesario servicio sino alardear de que León sería más ciudad, aunque los costes de mantenimiento son prohibitivos debido a la ruinosa inversión, aumentando los impuestos, ya bastante exagerados, para así evitar la quiebra institucional?. Sería bueno que un acto de reflexión les ayudara a ver el asunto con más realismo y no dejarse abstraer por fantasías imposibles. tanto para los adictos/as a la befa, como para los componentes del Consistorio: solamente les pediría que se imaginen un vagón solitario circulando por cualquiera de las calles de la ciudad: ¿daría belleza al entorno, o resultaría un estropicio ornamental?. Dejo a su consideración lo que les merezca tal operación.
Para finalizar este modesto panfleto, reiterando que se trata de una opinión personal, me atrevo a vaticinar que al amigo Paco (el alcalde), no le entusiasma la obra; pero la gente que le presta su colaboración ejerce una fuerte presión que le incapacita para imponer su autoridad. Por tanto se carga con toda la responsabilidad que leoneses/as reclaman por el estúpido desaguisado. Tanto directivos de Feve, como su desafortunado concejal de Urbanismo influyen de forma demencial al desvarío.
No es justo justificar una inversión millonaria para arruinar una planificación ejemplar como la que posee León. ¿Por qué son tan contumaces a desarrollar el proyecto? Tanta insistencia invita a imaginarse intereses inconfesables. ¡Renuncien de una vez a semejante barbaridad!