Diario de León
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Con viento fresco josé a. balboa de paz

Además de los intereses materiales legítimos, la minería del carbón está trufada de intereses electorales que hacen difícil su solución. Los dos grandes partidos nacionales dicen, con la boca pequeña, apoyar al sector, pero con la boca grande reniegan del mismo. El caso del PP es el más visible, porque es el que más airean los sindicatos y los medios de comunicación, pero no es el único. Todo el mundo habla y critica la carta de Alejo Vidal Cuadras a la Comisión Europea cuestionando, desde postura ultraliberales, las subvenciones al carbón europeo después de 2014. Su partido, al menos en Castilla y León, recrimina ese escrito no porque sean falsos o inciertos los argumentos del europarlamentario del PP, sino porque no son políticamente correctos en tiempos preelectorales. La izquierda leonesa, con enorme cinismo, se ensaña con Vidal Cuadras y con el PP por pensar como piensan, entendiendo contradictorios sus respectivos discursos.

Esa izquierda no hace lo mismo con el comisario europeo socialista Almunia o con el editorial de El País del lunes 13 de septiembre, del que no ha dicho ni palabra. En él, el periódico de Prisa lamina todos los argumentos en favor de las ayudas, además de añadir que no es competitivo con el carbón de fuera y que tal combustible es muy contaminante. Así desprecia argumentos como que el carbón sea una reserva estratégica de energía, pues hay otras por las que habría que apostar más firmemente, como el gas natural o las renovables: lo «mas sensato, señala, sería conservar esa reserva estratégica en los yacimientos que empeñarse en quemarla de forma inmediata». Lo único que le preocupa a El País es el problema social, agudizado estos días por los impagos de nóminas, pero «a la vista del conjunto de circunstancias sería más sensato, aunque más difícil, encarar directamente la dinamización de esas zonas con nuevas actividades económicas en lugar de persistir en una política que se revelará inviable más pronto que tarde».

No es la derecha, como se ve, la que da los argumentos más fuertes, sino la izquierda, representada por el editorial de El País, la que atiza sin contemplaciones ni complacencias al sector minero del carbón, como combustible que definitivamente, o al menos por un largo tiempo, hay que abandonar para la producción de energía eléctrica. Dirán que eso es la opinión de un periódico y no la de un partido, aunque me parecen que se engañan y nos engañan, pues eso mismo dice el PSOE a nivel nacional: ya no da votos. El presidente Zapatero, desde Oslo, condiciona el futuro del carbón al éxito de Ciuden o experiencias similares en la captura del CO2, asegurando que «la extracción y explotación del carbón sólo volverán a ser competitivas si se realizan sin emisiones de CO2». Aunque no creo que esa sea realmente la solución del problema, pues ahora mismo se está quemando carbón extranjero contaminante en las térmicas y no el español, tal pretensión nos llevaría ad kalendas graecas.

Si no es así, si hay esperanzas de que en pocos años se solucione el problema y de que el carbón sea competitivo, entonces no entiendo cómo no logran todos, PP y PSOE, ampliar el plazo de ayudas europeas hasta 2020, por ejemplo. Mucho me temo que, por ahora, el carbón europeo ha pasado a mejor vida y que nadie, excepto los propios afectados, lo va a defender porque su coste encarece la producción de energía eléctrica y, por tanto, perjudica el bolsillo de millones de españoles que deben pagar más cara la factura eléctrica: ya se habla de subidas en los próximos meses, lo que hará impopular todo el sistema de subvenciones a la minería. Los mineros también saben que los procesos de reconversión en comarcas mineras han sido traumáticos y con pocas expectativas, como en la cuenca de Sabero. Quizá eso explique la rabia de los afectados y las formas de lucha tan contestadas socialmente, como los cortes de carreteras. Es que, como recuerda Virgilio en la Eneida: La única esperanza de los vencidos es no tener ninguna.

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