España necesita de los mercados
Tribuna | JOSÉ LUIS PLACER GALÁN
cATEDRÁTICO DE LA FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS DE LA UNIVERSIDAD DE LEÓN
Cada vez que se comentan en los medios de comunicación noticias negativas sobre la marcha de la economía nacional, surge el fácil recurso de culpabilizar a los mercados. Expresiones tales como: «la culpa de la crisis es del afán especulador de los mercados», «esto se debe a la insensibilidad de los mercados», «estamos en esta situación por la avaricia de los inversores», u otras semejantes, están en boca de quienes prefieren descargar en los demás las propias responsabilidades. Siempre señalan a los mercados como los culpables de todos nuestros males. Un culpable, que aquella parte de la opinión pública carente de cultura económica acepta sin el más mínimo razonamiento. Así que tal vez merezca la pena aclarar algunos conceptos económicos para comprender lo que realmente está ocurriendo.
Primero, deberíamos preguntarnos ¿qué son «los mercados»?, porque en la respuesta está buena parte de lo que debemos saber para comprender lo que ocurre. El mercado es el marco donde se encuentran los que ofrecen algo (bienes, servicios, dinero, etcétera) y los que necesitan eso que se ofrece. Por lo tanto, generalmente no se acude a los mercados por devoción sino por necesidad. Por ejemplo, quienes van al mercado de la fruta son, por un lado, los que producen más fruta de la que necesitan para si mismos y, por otro, los que no produciendo fruta, sin embargo, les gusta consumirla. Este mismo comportamiento se produce en todos los mercados, sean de bienes, servicios o dinero, y sean grandes o pequeños. En consecuencia, si las empresas, los individuos o las administraciones acuden a los mercados financieros es porque necesitan unos recursos financieros que no son capaces de generar por si mismos.
En segundo lugar, entre los múltiples instrumentos de análisis que empleamos en la economía existe uno que nos indica si un país necesita o no acudir a los mercados internacionales en busca de financiación exterior; este indicador se denomina saldo por cuenta corriente y de capital y es un dato que se incluye en la balanza de pagos de cada país, que es el documento en donde se recogen las transacciones económicas llevadas a cabo entre los residentes de un país y los del resto del mundo, durante un periodo de tiempo.
Si el saldo de la cuenta corriente y de capital es positivo (superávit) la economía de ese país genera más de lo que gasta y por ello puede prestar ese excedente. Por el contrario, cuando ese indicador es negativo (déficit) la economía gasta más de lo que genera y para cubrir esa diferencia debe salir a los mercados exteriores a pedir prestado. Este indicador en términos de contabilidad nacional se define con la expresión «capacidad/necesidad de financiación de la nación», que resulta muy ilustrativa de lo que representa.
Aclarados estos aspectos conceptuales pasemos ahora a conocer la situación de la economía española. España es una economía tradicionalmente anclada en el déficit en el indicador mencionado (saldo por cuenta corriente y de capital). Quienes deseen comprobarlo pueden acudir a la página web del Banco de España -”www.bde.es-” y ver la publicación titulada «Cuentas financieras de la economía española 1989-2009». Por no ir muy atrás, podemos decir que en los últimos veinte años solo tres han sido de superávit mientras que los restantes diecisiete años han sido de déficit, y desde 1999 hasta la actualidad, todos. Además, en los años positivos el superávit apenas alcanzó un valor promedio del 0,7% del Producto interior bruto (PIB), mientras que el promedio del déficit de los años negativos llegó al 4,2% del PIB. Estos datos nos muestran que la economía española no es capaz de generar lo que gasta y ante esa situación sólo tiene dos soluciones: ser más productiva y generar más recursos, que sería lo más recomendable, o acudir a los mercados financieros internacionales a pedir prestado lo que necesita para cubrir el déficit. Porque una tercera vía sería reducir drásticamente el gasto. Pero ¿quién es el valiente que le impone a la sociedad española una reducción del gasto del 5% del PIB? Pues en los últimos veinte años nadie se ha atrevido.
En definitiva, como la economía española es deficitaria desde hace muchos años, no sólo a partir de la actual crisis, y no quiere reducir su nivel de gasto, no hay más remedio que acudir a los mercados financieros internacionales a pedir prestado lo que no tenemos. Así que, asumamos que la responsabilidad de nuestras deficiencias es nuestra, de toda la sociedad y de quienes la dirigen, y no de ningún mercado o agente exterior. Porque los mercados lo único que están haciendo, y menos mal, es ofrecernos los recursos financieros que nosotros mismos no somos capaces de generar. Por ello, deberíamos adoptar una actitud menos descalificadora con quien nos está permitiendo seguir manteniendo nuestro nivel de gasto y bienestar.