Diario de León
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Irreverencias | c. chamorro

Puede parecer que el zoológico de folclóricos con problemas y saraos varios es un producto sólo español. No es así. En otros países hay personajes de similar pelaje adaptados al entorno. Ciertamente, hay lugares donde no se ven tantos camareros reconvertidos en a lcaldes recalificadores, con incrementos patrimoniales sí justificados, ni cantaoras lavadoras que blanquean más que el Sol. Por ejemplo, estos nórdicos que nos han tocado en el sorteo del mapamundi parecen alejados del mundanal conchabeo, aunque algo habrá; pero con esas temperaturas es difícil verlos por las ferias de abril de Estocolmo, Helsinki o Copenhague.

Los anglosajones, tan modélicos para según qué, también padecen este síndrome del trapicheo. Los dos conocidos personajes que dan título al artículo son prueba de ello, creo. Pero hay más, tienen a su Britney Spears o Lindsay Lohan, con sus líos de drogas y coches con cubatas. Tenían a un blanco de raza negra que le daba por colgar de la ventana a un bebé sujetado por el tobillo. A un Mel Gibson que enseñaba a disparar a su hijo de 11 años hasta que le pillaron maltratando un poco a su ex. A Madoff, que no estafó a su abuela porque ya estaba muerta. O a un Bush con sus armas de destrucción masiva y un Clinton con sus becarias de destrucción restringida. ¡Qué le vamos a hacer, hay para todos!

Pero hay alguna diferencia. Aquí tenemos los mismos payasos del siglo XXI que en Estados Unidos, con diferencias en nombres y eñes. Pero allí, por ejemplo, tienen algo más. En una ocasión estaba paseando con un amigo y colega de otras dedicaciones por un estado de la costa Oeste y al acercarnos a la Universidad me la describió someramente. Al cabo de unos instantes me confesó, como un acto de sinceridad, que aquella no era una universidad de primer nivel, que sólo tenía dos premios Nobel. El desasosiego que me invadió ante la posible pregunta referente a mi país no me impidió reaccionar y hacer mención al extraordinario calor que padecíamos que, dicho en grados Fahrenheit, parecía más. Quizás mi amigo no se atrevía a compararse con el Instituto Tecnológico de Massachussets, donde han llegado a trabajar más de 20 premios Nobel juntos.

Un lector me ha hecho llegar su opinión acerca de mi excesivo pesimismo. Voy a hacer un esfuerzo de optimismo viendo el vaso medio lleno. Ya tenemos la mitad del camino recorrido para ser iguales que otros países: tenemos los payasos del nuevo siglo, sólo nos queda la otra mitad, la de los que hacen progresar a un país. U n pesimista diría que ese camino no lo hemos hecho, no lo hacemos y todo indica que seguiremos sin hacerlo. Y usted, ¿qué diría?

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