Clamar en el desierto
Con viento fresco josé a. balboa de paz
Tarsicio Carballo, el líder bercianista, lleva quince largos días en huelga de hambre y nadie se acuerda de él. Los mineros que, en tiendas de campaña, hacían huelga de hambre en Ponferrada han logrado su objetivo, al igual que los encerrados en el pozo Casares de Tremor de Arriba o los que, en largas filas, recorrieron la distancia de Villablino a León en una nueva Marcha Negra. Los empresarios, que movieron bien sus hilos de araña, ya han logrado de Bruselas otros cuatro años de respiro. Ahora pagarán a los mineros los salarios adeudados y todos contentos, aunque sobre ellos y sobre las cuencas mineras se cierne un negro futuro. A trescientos euros la tonelada de carbón cuando el importado no llega a veinte puesto en los puertos gallegos hace imposible la competencia. Por eso protestan las centrales gallegas de As Pontes y Meirama, y los conductores que han invertido en camiones para transportar el carbón. Los alcaldes socialistas de la zona, con el apoyo de los sindicatos, han ido a Bruselas a protestar por la prórroga al carbón nacional.
No son buenos tiempos para las reivindicaciones de Tarsicio Carballo y menos hacerlo con huelgas de hambre. Con la que está cayendo ponerse en huelga para exigir al gobierno central y a la Junta que el AVE llegue al Bierzo, construir las autovías entre Ponferrada y La Espina y la de Orense, universidad propia, más camas hospitalarias y juzgados, parece una locura. Si Bruselas cedía en lo del carbón, los Presupuestos Generales del Estado, que el jueves llevaba al parlamento Elena Salgado, son un jarro de agua fría para nuestro Tarsicio. Bueno, lo son para todos, pues se reducen las inversiones de forma drástica en toda España. De hecho, la parte del león, que no la de León, se lo lleva enjugar la deuda y sostener el gasto social de casi cinco millones de parados. La situación económica, con huelga general o sin ella, no tiene visos de solucionarse; incluso agencias de rating, la última Moody-™s, rebajan una vez más la calificación de España, lo que es un varapalo a nuestra economía.
Hay que ahorrar y rebajar el déficit público. Todas las comunidades, por ello, ven reducir las aportaciones del Estado en casi un treinta por ciento, por lo que, además de más impuestos, habrá más paro por ser menor la inversión en obras. León, a diferencia de otras provincias de la comunidad, sale mejor parada pues Zapatero quiere ayudar a sus correligionarios en la capital: el recorte es sólo de un 24%. No ocurre así con el Bierzo, comarca en la que sólo se invierte en el proyecto estrella de Zapatero, Ciuden, que se lleva 76,6 millones de euros, pero no dedica nada a las infraestructuras viarias que reclama Carballo. El AVE se queda en León, la A-76 (Ponferrada-Orense) se lleva 23.000 euros y la autovía de Ponferrada a la Espina 34.620 euros, es decir, para comidas de los políticos y poco más. Con esos datos, el líder bercianista no tiene argumentos para abandonar la huelga de hambre. ¡Pobre Tarsicio, que solo te dejan!.
Tarsicio es un quijote de endeble figura y tozudez en «desfacer entuertos». No utiliza lanza, espada ni adarga, sino su palabra y su pluma para escribir denuncias e inundar con ellas las redacciones de los periódicos. Discrepo de sus ideas regionalistas y he sido muchas veces combativo con su excesivo chovinismo. Pero siempre me ha caído muy bien como persona, pues es un hombre bueno, cordial, honrado y honesto, que ama con pasión desmedida su tierra berciana. Me resulta entrañable, y aunque discrepe, algunas de sus propuestas concretas han sido positivas para la comarca, como la defensa del campus universitario, lo que lo hace muy valioso, aunque luego eso no se traduzca en votos para su partido regionalista. Hace unos días declaraba: «No me queda otra alternativa que sacrificar mi vida». No digo que no sea un bello gesto lo del «pro patria mori», pero Tarsicio, amigo, no lo hagas ahora ni por esos motivos. Déjalo y acompáñame a tomar un café donde tu sabes, que hablaremos de nuestras cosas, compañero.