Cifras
Irreverencias | c. chamorro
Es más que posible que unos cuantos lectores de estas Irreverencias envíen, o se queden con ganas de hacerlo, una carta al director en la que me pongan de demagogo para arriba. Y no les faltará algo de razón. Pero hoy me muevo entre la demagogia más o menos controlada, la utopía y un deseo irrefrenable de hacerle partícipe de mis asombros. Un conocido empresario textil español ha obtenido más de 680 millones de euros de beneficios el primer semestre de 2010, además de una propina de 130 millones anuales con su cartera inmobiliaria. Según la revista Forbes , a este archifamoso desconocido empresario se le atribuye una fortuna de más de 18.000 millones de euros. Quien me sigue en esta columna sabe de mi admiración por los empresarios, auténtica casta social generadora de riqueza (no me refiero para ellos) y de trabajo. Arriesgan, dedican su vida entera a su trabajo y de ello nos beneficiamos todos, de una manera o de otra. Y, encima, cuando vienen mal dadas, como ahora, sólo se les recrimina la faena que hacen porque muchos empleados se van a la calle -digo yo que alguna razón económica habrá para ello; que no será un capricho- sin acordarse del dinero que mucha gente ganó con ellos cuando las cosas iban bien dadas.
Dicho esto, cuando hablamos de ciertas cantidades de las unidades que sea, nuestro cerebro -al menos el mío- no es capaz de abarcar el concepto económico que eso supone. Nuestra concepción y comprensión de las cifras llega hasta donde llega lo que podemos identificar con esa cifra: 18 kilómetros, León-Mansilla; 333 hasta Madrid; 330.000, de la Tierra a la Luna; dos millones de años luz-¦ 1 euro, un corto; mil euros un sueldo; 18.000 un coche; 300.000 un piso; 18.000 millones-¦ Ya sé que suena a topicazo demagógico, pero para qué se necesitan 18.000 millones, y cada año más: mil millones por un lado, 130 por otro. Como dirían Tip y Coll, para qué querrá alguien 18.000 millones de euros si como todo el mundo sabe con 17.000 millones es suficiente.
Que conste que me alegro del éxito del personaje y los beneficios colaterales para un montón de gente. Además, casi siempre esas ingentes fortunas realizan importantes obras filantrópicas a través de fundaciones, como Bill Gates, o más cerca Esther Koplovich, que ha contribuido recientemente con un edificio a un centro de investigación biomédica en Cataluña. Pero, ¿de cuánto estamos hablando?. No se equivoque, no niego en absoluto el derecho de esta persona o de Bill Gates a tener esa megafortuna, simplemente me pregunto qué sentirá y me dejo llevar por la demagogia del deseo de no hacer obras filantrópicas sino ingentes obras humanitarias en donde quiera. Demagogia o utopía, qué se yo.