Diario de León
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La gaveta | césar gavela

La ciudad de Ponferrada ha dedicado una de las plazas de su zona antigua a dos grandes periodistas. A uno que ya nos dejó, Ignacio Linares, de tan cálido recuerdo, y a su viuda Yolanda Ordás que es la voz femenina que lleva acunando a los bercianos desde hace muchos años. Que forma parte de nuestra memoria y de nuestro presente.

Yolanda, como hace unos años Luis del Olmo, tiene una plaza con su nombre. En vida, en larga vida. Y es significativo que Ponferrada demuestre esa querencia por sus periodistas. Linares y Yolanda me llevan a un tiempo ya antiguo, pero no menos vivo. Un tiempo de infancia, de cuando ellos ya eran los grandes comunicadores que siempre fueron. Las personas que contaron esta comarca. Que la contaron más allá del periodismo. Desde un compromiso que era amor hacia sus vecinos. En ellos -”Luis del Olmo, Ignacio, Yolanda-”vida y vocación son lo mismo.

Recuerdo a otros periodistas de la ciudad del Dólar. A un señor misterioso que se llamaba Luis Regales y que creo que tuvo una muerte muy triste. Lo que me fascinaba de él era que fuese el corresponsal del Faro de Vigo . Gracias a Luis Regales, el Bierzo formaba parte de la lectura cotidiana de los gallegos. Vallalfons, que así firmaba, era otro periodista mítico. Dedicado al deporte, su gloria mayor sucedía cuando narraba por la radio los partidos en que la Deportiva jugaba de visitante. Por todo eso, yo siempre lo miré con una devoción que era prácticamente infinita.

Felipe Herce, que también tiene calle en la ciudad, había muerto antes y bastante más joven que Luis Regales. Se hacía llamar Alexis y fue el creador del programa de radio que sería más escuchado durante décadas Ventanal de la ciudad . Cuando murió Felipe yo tendría ocho o nueve años y recuerdo que Ponferrada cayó en una tristeza muy grande y palpable. Había muerto un joven periodista brillante al que escuchábamos cada mediodía.

A Felipe Herce lo sustituyó Ignacio Fidalgo, un hombre que se enfrentó al falangismo reinante para defender un gran libro de Ramón Carnicer, Donde las Hurdes se llaman Cabrera . Obra de arte valiente y novedosa que denunciaba la intolerable situación en la que vivían nuestros paisanos cabreireses. Fidalgo se jugó el tipo por defender la verdad. Era osado y lúcido, pero poco tiempo después fue expulsado de la radio pública por protagonizar otro acto de libertad personal. Luego fundó y dirigió la revista Aquiana , en la que muchos empezamos a escribir. La publicación duró treinta años, siempre atentos a la cultura y a la historia de la comarca.

Todo ese mundo, esos nombres, esas vidas, también laten en la plaza de Cito y Yolanda. La memoria y el ahora del periodismo, que es una de las tradiciones más nobles del Bierzo. La de sus cronistas, la de sus intérpretes. Y siempre con un gusto literario por el contar, con una gracia propia que ha gustado allende los límites comarcales. Porque el Bierzo siempre ha tenido esa impronta universal. Lo lleva en la sangre. En el agua de sus ríos.

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