Diario de León
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Tribuna | C.c. álvarez

No creo que me atreviera a abuchear a alguien públicamente, pero me imagino que eso va en el carácter de cada uno. Un paso más son los insultos, amenazas o abuchear cuando la solemnidad del momento requiere silencio y respeto. Creo que durante la celebración de al Fiesta Nacional no se llegó más que al último extremo. Mal. Para esos casos ya hay una regla ceremonial establecida por decreto o por costumbre: un protocolo. Porque, aunque a algunos les pese, vivimos en una sociedad donde la educación, el saber estar y el respeto se viste no sólo de cuestiones de fondo sino de cuestiones de forma. Lo mismo ocurre cuando las hijas de un presidente se reúnen con otro para hacerse una foto disfrazadas del conde Drácula, o en ropa de deporte o con un sombrero mejicano. Mal. Hay un protocolo. O cuando en una jornada de reflexión antes de unas elecciones, grupos de personas se organizan -”¿igual que ahora?, no lo sé-” para llamar asesino al presidente del gobierno. Mal. O cuando la bandera de España se quema en algunas comunidades o se silva a los Reyes en un campo de fútbol. Mal. Hay protocolo. O cuando un presidente español se quedó sentado ante el paso de la bandera estadounidense en un desfile. Mal. ¡Hay protocolo! O cuando la ministra de Defensa acudió a la Pascua Militar hace un par de años con un traje de chaqueta y pantalón, cuando la invitación de la Casa Real exigía para las mujeres vestido largo: ya no interesa el protocolo. Para unos bien y sin importancia y para otros mal, ¿no? Pues, como los abucheos de hace unos días. Es decir, a hacer gárgaras el protocolo. Y justo después de los abucheos y de haber hecho esas gárgaras, la propia ministra de Defensa quiere onsensuar un protocolo de celebración de la Fiesta Nacional que evite esos abucheos. Nos ha dado el Sol. No puede haber otra explicación. No es posible que en un país donde incumple los protocolos todo hijo de vecino cuando le viene en gana o le interesa, los que también lo incumplen quieran hacer un protocolo, que ya existe, al parecer para poner un Spielberg de pueblo que por megafonía grite: ¡Silencio! Claro, luego debería decir: ¡Abucheo!

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