Diario de León
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Crónicas bercianas Carlos Fidalgo

Luis Escribano, candidato socialista a la alcaldía de Burgos, tiene unos ojos azules muy bonitos. «Que quede entre tú y yo», le decía la presentadora del mitin que ayer llenó El Toralín de militantes socialistas, mientras todo el pabellón miraba en una pantalla a los ojos de aspirante a alcalde gracias a la cámara de televisión que le seguía por el pasillo que conducía al escenario y escuchaba de qué forma manifestaba en su fe en el futuro. Su futuro. «Con esos ojos que tienes estás haciéndole la competencia al presidente del Gobierno», le piropeaba la presentadora, micrófono en mano, mientras Zapatero aguardaba su momento y sonaba una estrofa de Dancing queen , de Abba, en la megafonía del pabellón de Ponferrada. You can dance ...

Por un momento, tuve la extraña sensación de que a Escribano le postulaban como candidato, sí, pero a un puesto más alto. Por sus ojos bonitos.

La chica del micrófono seguía haciendo su trabajo. «¡Cómo te aplauden! Tienes fans y admiradoras por ahí, entre el público femenino», le decía a Óscar Puente, candidato de Valladolid, mientras Coldplay cantaba Viva la vida , la pantalla se llenaba de confettis, los organizadores animaban a los espectadores a agitar banderas rojas y cada aspirante a las alcaldías importantes de Castilla y León, sin apenas margen para decir algo demasiado inteligente en el corto espacio que separaba el pasillo del escenario, caía en el tópico, en el lugar común, en el vacío.

«¿Qué sueño tienes para Zamora?», le preguntaba la presentadora al aspirante Manuel Fuentes. Y el alcaldable, confundiendo el todo con las partes, respondía ufano: «Ser alcalde de Zamora». ¿Y qué posibilidades hay de desbancar al Partido Popular de Burgos? «La duda ofende», afirmaba otra vez Escribano, con sus ojos bonitos y una confianza tan ciega en sí mismo como para atreverse a calificar a la capital del Cid como «la ciudad de la revolución» porque «el cambio que le hace falta está a punto de producirse». Y de nuevo parecía que quisiera hablar de algo más trascendente.

Menos mal que al final de todas las intervenciones, y después de una presentación que quiso ser espectacular y sólo consiguió trivializar los mensajes de los candidatos, Rodríguez Zapatero se puso serio. Habló del carbón. Habló de Mariano Rajoy. Habló de acabar la legislatura y de volver a ganar las elecciones. Habló de la cohesión social. Y habló, por fin, de la igualdad entre hombres y mujeres, animando a superar el machismo que ha relegado a la mitad de la población a ocupar un lugar secundario en nuestra sociedad. El de los ojos bonitos.

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