La justicia europea asfixia al carbón
El sector del carbón sigue sufriendo un insufrible calvario que se detiene en estaciones cada vez más inquietantes. La resolución del Tribunal Europeo de Justicia de Luxemburgo aplicand o medidas «cautelarísimas» contra la decisión de la Comisión Europea que avaló el decreto de ayudas al carbón nacional, equivale, de hecho, a la paralización de la normativa aprobada por el Gobierno y abre un panorama más que negro para el futuro de la minería leonesa. De nada parece que ha servido la marcha minera que llenó las carreteras con la desazón de unos trabajadores que siguen viviendo en una total incertidumbre y que no merecen este trato. Es difícil concebir un itinerario más tortuoso como el que está siguiendo este proceso que parecía haber tomado el rumbo adecuado con el visto bueno al decreto del carbón pero que se está encontrando con obstáculos cada vez más difíciles de salvar. No cabe duda de que las eléctricas están llevando la iniciativa en la defensa de sus intereses y su estrategia de judicializar el proceso está dando los resultados apetecidos: retrasar la aplicación de la normativa de ayudas y asfixiar cada día más a las empresas mineras. Los responsables de estas empresas estaban ayer en estado de «shock» tras difundirse la resolución del Tribunal de Luxemburgo y advertían con firmeza que están en una situación límite y que su objetivo inmediato es intentar afrontar el pago de las nóminas de octubre. Mientras tanto, el Ministerio, a través del gabinete de prenmsa, reconoció que no hay otra opción que acatar la decisión del tribunal europeo (por supuesto que es vinculante) y también admitió que va a retrasar la aplicación del decreto. Eso sí, no aventuró plazo alguno para que se resuelva este nuevo escollo y se limitó a expresar su confianza en que todo se resuelva «con celeridad». Lo cierto es que, en el mejor de los casos, estamos hablando de cinco meses de aplazamiento en la aplicación del decreto (siempre que se le diera vía libre): dos meses de tramitación en el Tribunal y, al menos, otros tres hasta llegar a facturar. Un plazo que abre un pozo negro al que no se le ve salida.