HISTORIAS DEL REINO
Despoblación y muerte
Señalaba muy acertadamente Ana Gaitero en su reportaje sobre la última vecina de Penoselo que a veces existen más almas en los cementerios que en los pueblos. A este ritmo, con el desinterés que nos invade por todo, seguiremos mirando hacia otro lado mientras nuestras raíces caen en el olvido. Como Cerezal de Tremor, antaño célebre por el monasterio de Santa María Magdalena que pagaba los servicios de un organista llegado desde la capital, ahí es nada. Hoy sólo es un despoblado más.
Pero ni es el único ni lo será en este camino hacia las macrourbes cada vez más deshumanizadas. Seguro que muchos de quienes abandonaron estos pueblos volverían a ellos si dispusieran de buena malla de infraestructuras. También si a los parados, a través de incentivar a los emprendedores, se les ofreciera la posibilidad de recuperar las fuerzas y la ilusión. Pero, para ello, este país debería olvidarse de seguir los problemas de los famosos como si en ello le fuera la vida, tendría que forzar a los bancos a arriesgarse con los préstamos a los autónomos y pequeñas empresas, habría de apostar por crear y no destruir. Cambiar el chip.
Mas lo real es que aquí, en lugar de encarar los problemas, pesan los tiempos electorales y se soslayan las crisis montando agencias de amiguetes paniaguados que debaten sobre el sursum cordam de todos los males del mundo, y se dedican a gastar los dineros que no tenemos en autoinformarse y lamerse las heridas de urbanícolas que observan la despoblación del campo con el interés de nuevos Darwins. Mucho papeleo, poca inversión para quien lo necesita.
Mientras se debate y debate se agosta la ganadería leonesa, sin escuchar a los ganaderos. Europa nos colocó en la guillotina y el gobierno de este país y sus taifas tajó la cabeza de uno de nuestros recursos. Aquí paz y después gloria. Y mucho informe. Al tiempo le tocó el turno a la agricultura. Una Francia inteligente doblegó la cerviz de España para ganar distancia ventajista en la economía y, por el camino, hincó de rodillas a los leoneses, también a los castellanos, que decidieron abandonar las explotaciones o transformarlas en huerto solar de esos que generan luz de noche. Siguieron los informes. ¿Quién los lee? ¿Para qué sirven si no se aplican? ¿De qué tenemos miedo, si los aplicamos?
Pierre Deyon alerta que Francia, después de la crisis, debe encarar la despoblación con nuevas medidas. Ventajas fiscales, subvenciones para emprendedores, infraestructuras, nueva articulación del territorio. Probablemente en Francia algunos pueblos se salven de la quema. Entretanto en España la población de lobos y de almas se apoderará de la montaña. Y, cuando lleguen los arqueólogos del siglo XXII, decidirán que su memoria nada vale, mientras los políticos de entonces encargarán nuevos informes que justifiquen el olvido.