El increíble caso de la bici menguante

ramiro
Se desconoce si es una instalación del Musac, los restos abandonados por un viajero desesperado, o simplemente un monumento a la desidia. Lo único cierto es que, después de varios meses a la intemperie, junto a la estación, el increíble artilugio rodante ha ido perdiendo paulatinamente buena parte de su esqueleto y su dueño, si alguna vez aparece, a lo más que llegará es a rezar un requiem: «et lux perpetua luceat eis...».