Diario de León
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VICENTE PUEYO
León

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La última visita del presidente de Feve, Ángel Villalba, y su apuesta, con el apoyo de la Junta, por un tren que estuvo moribundo y que aún necesita alimentar sus calderas con abundante dinero público, invita a la reflexión sobre la base de la pregunta: ¿están justificados estos desembolsos públicos en proyectos (léase Feve, Aeropuerto, Palacio de Congresos...) cuya viabilidad futura hay que poner, cuando menos, en cuarentena? La respuesta es sí. En algunos lugares se habla de deuda histórica; aquí podemos traducirlo en la necesidad de salir de una uvi permanente.

Una suma de circunstancias sociales, políticas y económicas, subrayadas por el desencadenamiento de una crisis ganada a pulso (unos con nuestra alegre estupidez y otros con una insoportable codicia), han colocado a León en un momento trascendental en el que conviene fijarnos en la cara positiva de la moneda. Después de un largo periodo sin alcanzar la rueda de los que llevaban la delantera en materia de infraestructuras, y descolgados de la actividad industrial desplegada en otras áreas, las cosas van pintando de otra manera. Tarde, sí, despacio, sí, pero León se ha ido encajando en la red de comunicaciones rápidas por carretera (falta mucho, claro) y tenemos casi a la vista la llegada del AVE. Unas iniciativas, éstas y las antes citadas, que deben contribuir a definir y asentar el modelo de una ciudad de cara amable y atractiva llamada a acentuar su vocación de ciudad de servicios. Ahí está también la ambiciosa (y retrasada) remodelación de San Marcos, buque insignia de nuestra hostelería, y la realidad, todavía en pañales, de la Universidad de Washington, que deben fortalecer la vocación cultural y universitaria de León.

En la otra cara, mirando a la provincia, la cruz de la despoblación y el largo funeral de la minería cuyo futuro es más que comprometido. Mucho hay que trabajar para dar salidas realistas y viables a las comarcas que siempre vivieron de la minería, actividad que, no nos engañemos, quedará reducida, más pronto que tarde, a una actividad con una dimensión socioeconómica mucho menor. Tampoco ahí puede cerrarse, de la noche a la mañana, el apoyo público a no ser que se quiera una espantada.

Nadie ha dicho que esto sea fácil pero el desánimo y el cilicio no conducen a nada. Quizá no tengamos la perspectiva suficiente pero tenemos en nuestras manos importantes claves para nuestro futuro. Habrá que aprovecharlas.

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