Diario de León

CRÓNICAS BERCIANAS

Sebastián; señor...

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L eyendo un artículo infumable de Ray Loriga atisbé sin embargo el otro día dónde puede radicar el quid del dislate energético en el que vive este país y que mantiene arrinconado al carbón de nuestras cuencas. Hay nombres propios, decía el autor, endiabladamente ligados al destino del individuo. Yo diría, en cambio, que lo que marca de verdad son los apellidos. Acaso por eso a Zapatero se le ha ocurrido regular ahora su alteración. Para afianzar esa teoría sólo hay que mirar al ministro de Industri a. Genealogía al margen, qué les evoca Sebastián. Pues eso. Al arquetipo del mayordomo por excelencia. Y lo peor de todo es que el titular de la cartera que debe poner orden al panorama energético hace honor a esa protoimagen.

Un día le llama Zapatero y le ordena: Sebastián, por favor... Y el ministro se pone manos a la obra para restaurar un incentivo al consumo térmico de carbón autóctono sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, que en este caso son las eléctricas. Al día siguiente llega Pepiño Blanco, acosado por sus paisanos de As Pontes, y ya se sabe. Sebastián, por favor... Y éste se enfrasca en complacer a los defensores celtas del carbón de importación.

Luego vienen las multinacionales que viven opíparamente del gas o de las renovables y le piden que les sirva una sobredosis de lo suyo, y Sebastián tampoco defrauda. Con ese apellido incluso los supuestos subordinados, como el jefe de Comunicación de Moncloa es posible que te hagan una llamadita para que te plantes en Ponferrada para participar una horita en un programa de radio, y con esa vocación loca de servicio inscrita en el apellido, pues cumple. Aunque en toda su vida ministerial haya visitado jamás ni el Bierzo ni Laciana.

Apellidándose Sebastián yo creo que tal y como está el sector de la energía no se puede ser ministro de ramo y definir un mix serio y riguroso que no suene a república bananera. Ahora que se va a poder alterar el orden de los apellidos, le aconsejaría que usara el materno; Gascón, que suena más recio y de orden. Yo estoy pensando en cambiárselo a mi primogénito -”que evoca a la mantequilla-” por el segundo, Pereira, que me recuerda a aquel soberbio central del Atleti o tal vez a un futuro as de la lambada e incluso a un nuevo rey del fado. ¡Lástima que las térmicas no quemen sarcasmo! Entonces el Iter iba a parecer una estufa.

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