Diario de León
Ponferrada

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En el verano de 2005, el grafitero Banksy viajó a Palestina y se atrevió a dibujar a un muchacho rajando el muro de Cisjordania para enseñarle al mundo el paisaje que oculta la intolerancia. La identidad de Banksy es uno de los secretos mejor guardados. Apenas se sabe que nació y creció en Bristol, donde trabajó un tiempo como carnicero, y que es hijo de un técnico de fotocopiadoras. Quizá por eso ha hecho suya una frase que pronunció Pablo Picasso: «El mal artista imita, el buen artista roba».

Banksy es un provocador. Un agitador de conciencias que dibuja nuestros trapos sucios. Y aunque ahora gane dinero, siempre ha puesto en duda el orden establecido. Ha colgado sus cuadros en los mejores museos del mundo, a escondidas, y en ocasiones han pasado semanas, incluso meses, antes de que alguien descubriera que no formaban parte de la colección oficial. Lo mismo pinta a militares meando -"no pienso escribir «orinar», estoy hablando de un artista callejero que salpica las fachadas de las casas con aerosoles-" o a soldados cacheados por niños, que decora paredes con ratas y gatos, con buitres con la cabeza convertida en una manguera de gasolina, o llena el Parlamento Británico de inteligentes monos diputados.

Banksy es un revolucionario. O lo era antes de que empezara a cobrar por algunos dibujos de encargo y contratara a un agente para vender su obra en una galería de arte. Y nadie sabe cómo se llama. Al menos nadie que no lo trate habitualmente. Alguien sugirió una vez que su nombre real era Robin Banks, pero su fonética coincide con la expresión inglesa robbing banks (robando bancos) y no se puede descartar que detrás de ese rumor sólo se esconda una broma.

Porque Banksy se burla de todo. «Ha puesto patas arriba el orden artístico mundial», escribe Emilio Gancedo en este periódico para contarnos que un escritor leonés, Óscar M. Prieto, ha publicado una novela sobre el misterioso grafitero. Y lo mismo puede decirse de las consecuencias que tendrá para el orden diplomático mundial -"y para el orden periodístico establecido-" la filtración por Wikileaks de los trapos sucios de la política exterior de los Estados Unidos. Que nadie se engañe. La web de Julian Assange no está haciendo otra cosa que darle vida al muchacho de Banksy para rajar de verdad un muro todavía más grueso que el de Cisjordania.

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