FRONTERIZOS
Herramientas de trabajo
En un mundo en el que parece claro que el que tiene la información tiene el poder nos enfrentamos a la paradoja de que, en esta materia, o se peca por exceso o justamente por todo lo contrario. La desbordante abundancia de información en la red mejora, indudablemente, la rapidez en el acceso al dato, pero el usuario corre serio peligro de verse sepultado en un derroche en el que no siempre es fácil separar la ganga de lo valioso. En otro sentido, la ocultación de información priva a las sociedades democráticas de un conocimiento vital a la hora de tomar decisiones racionales, en el supuesto caso de que esto aún sea posible.
Las incógnitas que surgen con los llamados «mercados», por ejemplo, tienen que ver con su opacidad en el funcionamiento y la tendencia a su desregularización impuesta por las líneas de pensamiento político imperantes en el mundo desde los años ochenta. También las filtraciones de wikileaks, ponen de manifiesto un ignorado sistema de relaciones internacionales que tienen poco que ver con esa diplomacia cortesana de salón y Ferrero Rocher que nos imaginamos.
Pero a veces la información no se tiene porque no se busca o no se desea encontrar. Recue rdo que, hace seis años, en el primer encuentro oficial de la nueva Directiva de la Red Española de Teatros con el entonces director general del Inaem, éste nos confesó que si algún periodista le preguntara en ese momento por el montaje de mayor éxito de público en el país, sería incapaz de dar una respuesta fiel. Que el máximo órgano teatral español no tenga datos precisos sobre audiencias o facturación del sector es sorprendente: ¿se imaginan que el Museo del Prado no supiera cuántos visitantes tiene o que una editorial ignorara el número de ejemplares vendidos de un libro? En este campo, sólo las empresas privadas de Madrid y Barcelona y la SGAE, que hace un uso bastante particular de ello, tienen información precisa. Y en un momento en el que asistimos a un claro cambio de modelo fruto de la situación económica, carecer de este tipo de datos es caminar con los ojos vendados por una senda llena de cristales.
Por todo esto me parece interesante la iniciativa del Observatorio Socioeconómico 1 de Mayo, que se presentó en Ponferrada hace unos días con un estudio bastante demoledor sobre indicadores económicos y sociales de la capital berciana y con cierta reserva en los siempre taimados ambientes políticos, que los promotores de esta iniciativa deben intentar super ar, manteniendo con transparencia su inicial intención de ofrecer herramientas de trabajo y reflexión a la sociedad berciana a través de la investigación.