Diario de León

La Carta Magna, en manos de los políticos

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Treinta y dos años la contemplan. Nació para dar estabibilidad a un país marcado por una Guerra Civil y cuarenta años de dictadura y a fe que lo ha conseguido. Los políticos, un año más, se han juntado para recordar la efémeride. Ahora, en el ambiente político de los últimos años, sobre todo desde que llegó José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa, suena con fuerza el discurso de la necesidad de una reforma, que el propio presidente anunció en su primer discurso de investidura, allá por el año 2004. ¿El problema? Siempre es el mismo: los dos grandes partidos, el PP y el PSOE, no se ponen de acuerdo y no alcanzan ese gran pacto de Estado, que permita la reforma constitucional sin tensiones.

Aquí en León, los representantes de todas las administraciones glosaron juntos las bondades de la carta constitucional, aunque cada uno arrimó el ascua a su sardina. La presidenta de la Diputación exigió que se garantice la continuidad de las diputaciones, porque son necesarias, y no le falta razón. Pero no es menos cierto que se hace necesario si no un cambió, sí una reorientación en el papel que realmente deben cumplir. El alcalde, en cambió, blandió la historia del Reino y pidió un cambio para que la Constitución reconozca a León como un «territorio histórico», claro que esta vez no quiso romper la Comunidad e, incluso, se valió del, no pocas veces denostado por él, Estatuto de Autonomía para reclamar ese cambio. Martín Villa, por su parte, defendió la Carta Magna, que su Gobierno presidido por Adolfo Suárez, promovió durante la Transición. El ex ministro sólo defendió un cambio constitucional: la reforma del Senado.

Que la Constitución necesita reformas está claro. La España de hoy no es la misma que la de 1978, ni los españoles y sus necesidades, tampoco. Los cambios deben ser consensuados y claros y, sobre todo, deben estar pactados por los partidos políticos, encabezados por el Partido Socialista y el Popular. Eso sí, el espíritu de la Constitución, el mismo que sirvió para solventar con tranquilidad la Transición, debe mantenerse intacto. Eso sí que no ha cambiado.

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