Publicado por
MANUEL CAMPO VIDAL
León

Creado:

Actualizado:

E n el Congreso de los Diputados, durante la celebración de la fiesta de la Constitución, una señora se acercó al ministro de Fomento, José Blanco, que charlaba con dos periodistas: «Yo no le voto pero le felicito por sus decisiones con los controladores. Como ciudadana, gracias». Blanco nos comentó, lacónico, al marcharse la señora: «Bien, pero esto no ha acabado». No tiene pinta.

De una parte, un sector del Partido Popular muestra su incomodidad con Mariano Rajoy por haber apoyado al Gobierno en la declaración del estado de alarma tras el caos aéreo. De otra, los controladores, que cuentan con el apoyo jurídico y la asesoría de comunicación más cara del mercado, se pasean por las emisoras sembrando dudas y haciendo creer que todos son iguales, ellos y Aena: «El problema es que en España hay la mitad de controladores que en Francia cuando controlamos más espacio aéreo nosotros», señalan. Tan cierto como que son ellos los que impidieron que el número de plazas se ampliara. Y sus representantes sindicales, después de obligar a cerrar el espacio aéreo el viernes, al retirarse de sus puestos de trabajo, los que presentaron por escrito una propuesta al Ministerio: menos horas de trabajo, aumento de sueldo de cien mil euros anuales, control sindical de los recursos humanos en las torres y vuelta a la normalidad inmediata. O sea, en lo laboral como antes y en sus manos, como siempre.

Es curioso como el sector duro del Partido Popular, los que fustigan a Mariano Rajoy pero no pueden con él porque ganó en Galicia, decidió en el País Vasco y ha subido en Cataluña, o sea, los que sueñan en España con el Tea Party, se olvidan de que los ministros populares de Fomento cedieron siempre ante los controladores. Ni Arias Salgado, ni el lenguaraz Álvarez Cascos se atrevieron a enfrentarse al colectivo, lo que tampoco hizo la socialista Magdalena Álvarez. José Blanco se la jugó y ahora discuten si era el momento oportuno a horas del puente de Diciembre. «Mejor ahora que en Navidad porque los costes emocionales y hasta los económicos hubieran sido superiores», sostiene Blanco. Que se lo cuenten a Rocío una chica que volaba a Canarias el viernes por la tarde con otros pasajeros invitados a una boda aquella misma noche. No pudieron aterrizar porque la huelga salvaje lo impidió. No podían volver a Madrid, ni a Málaga o Sevilla, porque no había controladores. Aterrizaron en Marruecos pero no pudieron bajar del avión en horas, ni salir de una sala del aeropuerto en dos días porque no llevaban pasaportes, solo el DNI. La boda se aplazó por incomparecencia de invitados. De película de miedo, pero suspender las Navidades hubiera sido familiarmente aún más doloroso. Con este plan deliberado de no importa a quien se dañe, tiene razón Rubalcaba cuando se lamenta del «desparpajo con el que se pasean los controladores por los medios de comunicación» tratando de que alguien les de la razón. Sólo los adversarios internos de Mariano Rajoy en el PP se la conceden y, aún, en parte.

Entretanto se despejan algunas dudas en la escena política: Durán Lleida no dejará Madrid con lo que no se pierde a una de las pocas cabezas claras y solventes del Parlamento; los alcaldes del PSC quieren tomar el mando después de la derrota de Montilla para preservar la ciudad de Barcelona y la Diputación, o el poder pujolista uniformará Cataluña; a Carme Chacón la esperan como cabeza electoral para dentro de cuatro años aunque ella guarde silencio porque tiene aspiraciones más altas...

Cargando contenidos...

Zapatero, mientras, se dedica a pedirle a Angela Merkel prudencia en sus declaraciones sobre el euro porque dañan a Europa y de forma especial a España.