Diario de León
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«Aunque parezca lo contrario, esto es una luz al final del túnel, un alivio para los que competimos respetando las normas». Esta afirmación, recogida ayer por este periódico, es de Manuel Martínez, capitán de la selección española de atletismo y sin duda alguna nuestro mejor deportista. No es distinta a las realizadas por muchos otros en los últimos días, pero quizá le damos más valor por su proximidad física y porque siempre se ha desenvuelto muy cabalmente dentro y fuera de la pista. Porque, en definitiva, lo conocemos muy bien. Viene a reclamar Manolo que en el de Marta Domínguez, que hoy declara ante el juez acusada de traficar con sustancias dopantes, «se llegue al final del asunto» y que cumplan sus penas no sólo quienes lo practican sino también quienes incitan al juego sucio. La detención de la mejor atleta española de todos los tiempos -”16 grandes medallas desde el 93 y una trayectoria deportiva impecable-” pone de nuevo al deporte español bajo sospecha cuando todavía no se han despejado las dudas sobre el caso Contador, investigado por dar positivo por clembuterol en el Tour de Francia.

Ocurre justamente en el momento en el que España ocupa el primer pueto en el podio mundial gracias a la mejor generación de deportistas de toda la historia. Vemos en ellos el espejo en el que nos mirarnos y por eso nos duele especialmente. Con todos los respetos a la presución de inocencia, la verdad es que en este caso los indicios y las pruebas son contundentes. Tanto como las manifestaciones de los propios atletas, en su mayoría conocedores de la situación. En el nivel de exigencia física y mental al que se ha llegado en el deporte de élite, los que no se dopan, sin duda la inmensa mayoría, rozan la heroicidad, pero no a todos se le pueden pedir que sean héroes. Marta lo tenía todo en esta vida: una brillantísima carrera, un alto cargo federativo, el reconocimiento social y político, una buena posición económina y la maternidad muy próxima. Aun en la esperanza de su inocencia, es difícil entender que se jugase su honor por un puñado de euros y en todo caso qué razones la llevaron hasta ahí. Muchas preguntas sin respuesta.

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