TRIBUNA
Laciana, un drama
El esperpento de estos últimos tiempos en Laciana roza límites casi inalcanzables y que, de no estarse viendo, difícilmente podrían imaginarse. La última ocu rrencia, a unos meses vista de las elecciones, ha sido la creación de una plataforma por la tan manida reindustrialización. Plataforma que crean, en un principio, los portavoces de tres de los cinco partidos con representación en el Ayuntamiento de Villablino: PSOE, IU y PAL. Los tres, como es sabido, han tenido o tienen la mayor responsabilidad municipal. Pedro Fernández, Guillermo Murias y Ana Luisa Durán han sido alcaldes durante los últimos veinte años en que Laciana, como las demás cuencas, ha perdido empleo, población y capital social y humano, y ha sufrido un deterioro notable en todos los aspectos.
Los tres hablan de reindustrialización como asignatura pendiente olvidando que, durante sus mandatos, han llegado cantidades ingentes de dinero que, como el resto de fondos del Plan del Carbón, se utilizaron para hacer obras que deberían haberse abordado con fondos ordinarios. Olvidando, claro está, que los años pasaban y tanto el plan de 1998 como el de 2005 eran eminentemente reductores. Infraestructuras que han costado un ojo de la cara, y muchas ni siquiera funcionan o funcionan en su mínima expresión. El centro-sociosanitario es el caso paradigmático, pero ahí están el vivero de empresas, el camping o ese polígono industrial inerte, que han incrementado el patrimonio municipal en falso. Patrimonio, sí, pero con una deuda que lastra cualquier expectativa a medio y largo plazo.
Esta legislatura ha sido una ba lsa de aceite. Cualquiera diría que el municipio no tiene problemas. A la inanición de la alcaldesa, se ha unido la silenciosa presencia de IU, PAL y PP y, frente a ello, sólo el minoritario grupo de Los Verdes ha planteado cierta oposición y ha advertido desde hace años del fin de la minería, cuando lo más fácil le sería caer en el desaliento. Sin embargo, desde este grupo se han planteado muy pocas propuestas alternativas motivadas, más allá de lo soñado, desvirtuándose las más de las veces sus actuaciones en ajustes de cuentas personales, tan alejados siempre del bien común. Por otro lado, el argumento de que los males se iniciaron una vez que su portavoz perdió las elecciones no es cierto, dado que en su gestión, si bien puede valorarse como aceptable comparada con otras, hubo -cosa lógica- más de un error, nunca reconocido por él ni por sus próximos. Y es cierto que, si enarbolara sus planteamientos alguien con credibilidad y alejado de espurios vicios, el respaldo popular sería mayor.
Precisamente esta poca o nula credibilidad ha distanciado a la ciudadanía de la política, y un vistazo a la Corporación muestra el desencanto general de los lacianiegos. Cuatro de los cinco portavoces han sido alcaldes y el quinto ha sido teniente, es decir, todos han tenido responsabilidades para bien y para mal en lo que se ha hecho en los últimos treinta años. El resto de concejales está en parecidas circunstancias, pues los novatos se cuentan con los dedos de una mano, de manera que las contadísimas sesiones de los plenos que se celebran son más bien una riña de cuitas añejas que la búsqueda de soluciones y el desarrollo de planteamientos que deberían ser. Estamos, posiblemente, ante la peor Corporación que ha tenido el municipio en mucho tiempo. Incapaz de hacer una propuesta más allá de las meramente de trámite, incapaz de potenciar mejoras en la estación de esquí, incapaz de publicitar turísticamente la zona, incapaz de involucrarse en cualquier iniciativa, incapaz de contener la deuda, incapaz de sacar adelante la peatonalización del casco antiguo de Villablino u otras infraestructuras que llevan en vía muerta desde hace un lustro. Una Corporación incapaz y fracasada.
Como era de esperar, a la plataforma se suman los sindicatos. Habría que preguntarles ahora qué ha cambiado a esos que el pasado septiembre proclamaban, al terminar ese engendro llamado II Marcha Negra, que los problemas que les habían llevado a la huelga ya estaban resueltos. Que se lo digan ahora a los mineros y no mineros que se encuentran con un ERE y muy pocas perspectivas de futuro. La UE ha fijado 2018 como fecha límite de las minas, pero «más no podemos» dice el ministro. Ocho años son muy poco tiempo para casi todas las cosas y el resto son circunloquios. ¿Qué sucederá, pues, con los trabajadores de las empresas mineras y subcontratas que no van a llegar a la prejubilación? ¿Y con los autónomos, jóvenes, niños y demás habitantes de Laciana?
Apunta bien Nieves Fernández en su Tribuna del pasado 23 de noviembre, hablando de otra realidad posible. Y ahí está la Ciudad de la Energía, con la que hay que concretar propuestas como un posible enlace a través del tren turístico que de pie a más, y ahí están las posibilidades de aprovechar los recursos turísticos que pasan, en un principio, por la declaración urgentísima como Parque Natural. Y, al calor de ella, una profunda reforma urbanística, social y económica que será un reciclaje que necesitará años y la implicación de la administración local, autonómica, nacional y comunitaria. Está claro que, en esa hipótesis, Laciana sería el núcleo de un proyecto ambicioso que englobara todo su entorno. No son sueños ni deseos, es la única opción frente al ocaso de la actividad que ha sustentado la economía hasta ahora.
El carbón está abocado a un final traumático, y se trata de intentar resolver ese final de la forma menos dolorosa posible. Hablamos del drama de una familia sin trabajo, del empleado en la calle, del comerciante que ve su negocio mermar, del joven inversor en la zona. Hablamos de un drama real, que vamos a ver dentro de no mucho tiempo. Y hablamos de solucionarlo como se pueda, no de poner otra tirita para seguir engañando y engañándonos hasta que llegue el día que sea imposible poner una más, ni de generar esta psicosis tan in teresada. Hablamos, en síntesis, de la implicación obligada de todas las administraciones en el problema, pero también de la sociedad. Y hablamos de que para este viaje no hace falta ninguno de estos inútiles.