CRÓNICAS BERCIANAS
Papá huele a vino
Escucho joviales en la televisión a los alcaldes de los grandes municipios por los que atraviesa la nueva línea del AVE a Valencia y quiero pensar que son todos unos farsantes. Lo mismo que esos industriales turístico-tecnológico y ciudadanos jubilosos cual si les hubiera tocado el Gordo. ¿Cómo puede ser? Si aquí en el Bierzo hemos llegado a escuchar a algunos políticos aducir que casi el mejor que no llegue el AVE a Ponferrada ni mucho menos que prosiga a Galicia porque es posible que huya más gente de la que llegue. Que lo mejor es que nos arreglen la vía para las mercancías, como criticaba sarcástico el regidor de Toreno, Pedro Muñoz, para que al menos las patatas y los percebes puedan circular a 300 kilómetros por hora.
Duele especialmente recordar esos pretextos arteros e insultantes para la inteligencia mínima de cualquier administrado sólo por justificar políticamente el arrinconamiento del Gobierno de la alta velocidad prometida para el Bierzo. Y duele aún más la incuria de nuestros políticos y de la sociedad civil frente a ese destino paria que se presume casi imposible recuperar en las condiciones ruinosas de las arcas públicas. Cuenca, Albacete o la Malvarrosa se convierten en barrios monumentales de Barajas. El prometedor Museo Nacional de la Energía, Las Médulas o Los Ancares, en atractivos tan distantes como Londres o Sebastopol.
En ese contexto borreguil resulta casi indecente contemplar el ardor y resolución de nuestros cargos comarcanos en el reciente debate de la reforma de la Ley de la Comarca del Bierzo, una modificación que preocupa un bledo al ciudadano, desazonado quizás por otras menudencias como el hundimiento de las cuencas, el rosario de EREs que oculta la profundidad abisal del paro o la nula inversión en comunicaciones de gran calado.
Con ese panorama, no deja de ser loable que ahora la Ciuden, la ULE o la Uned, y la semana que viene los promotores del parque tecnológico del Bierzo -Ponferrada y Camponaraya- se multipliquen en la organización de foros para adivinar hacia dónde debe caminar nuestro desarrollo. Debieran ahorrarse sin embargo las fases de diagnóstico porque no hace falta ningún sabio para certificar que esta comarca precisa ya cuidados paliativos. Si papá huele a vino, como decían en mi pueblo, es casi seguro que viene borracho. Y papá huele a vino.