Diario de León
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TERESA BAILLO ESCUDERO. PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN TEODORO ESCUDERO
León

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A hora que ya se han apagado los chasquidos de la trifulca, que generó, este año, la concesión del Puerro de Oro de Sahagún, es tiempo preciso para el análisis y la reflexión. El premio quedó desierto, en superficie plana, sin que en ella brotaran más que los cardos morados y punzantes de las estepas góticas. Al fin de cuentas, cardos borriqueros, sin aroma, que se defienden con espinas aceradas. En ellos han anidado los cucos políticos y a través de todas las concesiones anuales se han aprovechado, casi siempre, de la generosidad y entrega que otras personas han prestado a Sahagún.

Es curioso resaltar que la institución del Puerro de Oro fue creada por un Ayuntamiento socialista de Sahagún y la idea surgió de un concejal socialista, Estanislao Linares González, en 1993, siendo alcalde Alberto Gordo Castellanos. Y, en 2010, el grupo socialista del Ayuntamiento se opuso, con uñas y dientes, a la concesión del Premio, a unas pobres Hermanas de la Caridad, que desgastaron y consumieron su vida, durante generaciones, en la entrega y la labor asistencial a los más pobres, enfermos, inválidos y necesitados de Sahagún y su Comarca. Menos mal que la ejemplar ciudad de Sahagún lo comprendió y reparó la injuria, con un homenaje lleno de emoción y pleno de multitud, a los pocos días de tan nefasta negación y absurdo alboroto. Las Hijas de la Caridad, al renunciar al galardón, dieron un ejemplo de dignidad, que flotó sobre las cambiantes ideologías políticas.

Pero aclaremos la historia de la fundación del Puerro de Oro. En 1993, con motivo del año jacobeo, se intentó relanzar y elevar social y monumentalmente la ciudad de Sahagún como hito señero en el Camino Compostelano. Para ello y también con el fin de premiar y enaltecer a las personas que más destacaran en este proyecto, se crearon los premios «Puerros de Oro». Estas personas o instituciones serían distinguidas con la insignia áurea en actos especiales. La figura del puerro fue elegida por ser el producto más afamado y emblemático de la economía facundina y por la historia milenaria que encerraba en su textura y singularidad. Léase, a este respecto, el hermoso artículo de un hijo de esta tierra, Vicente M. Encinas, titulado La leyenda del puerro de Sahagún . El puerro, singular y especial, viene a ser, hoy en día, a nivel nacional y también extranjero, el símbolo de la identidad agrícola, económica y, en cierto sentido histórico, de la ciudad de Sahagún, ligado a la gran Abadía Benedictina.

Como he dicho, el puerro se concedió, en la mayor parte de los años, a políticos nativos y foráneos. Unos porque en el momento de cada año, ostentaban cargos en el Consistorio Municipal y otros porque de modo transitorio y pasajero, ubicados en otras esferas de la Administración, se introdujeron en la tersura y armonía amarilla de un producto que no les pertenecía. Entre los primeros figuran todos los alcaldes vivos de Sahagún, desde el año 1944 hasta el año 1991, «por su labor desinteresada en pro de este Municipio». Puede ser que hicieran «labor», pero «desinteresada» es dar voces al pregonero que aún vive de su abuela. Entre los segundos, aparecen perspicaces consejeros provinciales, presidentes de instituciones o entidades económicas de alta gama, hosteleros, catedráticos, periodistas y religiosos de otros parajes políticos, que llegaron atraídos por el aroma del puerro facundino. Entre los nativos o residentes en Sahagún, aparecen figuras y personajes que merecieron, con todo derecho, el honor de la concesión del Puerro de Oro, pero también se mencionan otras que son producto del momento social o de manipulaciones municipales. A mí se me concedió dicho galardón, en el año primero de su creación, por haber nacido en Sahagún, ser presidenta de la Asociación Cultural «Teodoro Escudero» de la Villa, por mis aportaciones y organización de conferencias, conciertos musicales y por restaurar, con mis haberes, las imágenes y altares de San Facundo y Primitivo de la Iglesia de San Juan y dos pasos de la «afamada» Semana Santa de Sahagún. Cosa extraña que algún informador no me cite entre los premiados. Los restantes nativos y vecinos, permanentes o transeúntes, percibieron el galardón por la resonancia mediática que aportaron a la Villa, por su producción y niveles intelectuales en obras literarias, artísticas o teatrales, por sus éxitos deportivos o periodísticos, por sus escritos e investigaciones sobre Sahagún, por su artesanía replicativa o creativa, por sus aportaciones empresariales o por sus connotaciones religiosas, asistenciales, pedagógicas y formativas para con las gentes de Sahagún. Los nativos o residentes permanentes y transitorios que nunca rompieron sus lazos con los núcleos creativos o defensores de la ejemplar ciudad merecieron que en ellos nazca y permanezca, como seña de identidad, la insignia del Puerro de Oro de Sahagún.

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