Diario de León
León

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Una mayúscula es sólo una minúscula con ego. Sin embargo, autoestimas aparte, hay algo bello y profundo en el escalafón de las palabras, cuando tiene su origen en valores aceptados por todos y no e n arbitrarios convencionalismos jerárquicos. La nueva Ortografía, presentada por el académico Salvador Gutiérrez, catedrático de Lingüística en nuestra universidad, dictamina que rey debe escribirse así, sin subirla en trono alguno, como se escriben árbitro, periodista o suripanta. Sin mayúscula inicial, por ser nombre común. La norma ha creado cierta perplejidad, aumentada porque la propia Real Academia Española escribiese en la invitación al acto de presentación del manual: «Presidirán Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias». En casa del académico, mayúscula de palo. Pues no. Enseguida, Gutiérrez ha aclarado que la mayúscula de rel evancia no es una ciencia exacta.

La reducción de talla también afecta a «papa», que pierde su mayúscula birrete, y a todos los santos, salvo a San Fermín si se refiere a la festividad. Estos cambios han de ser menudencias para los católicos, pues al rezar nos tuteamos con las altas instancias. Nadie utiliza el usted para dirigirse a Él. No obstante, Salvador, permíteme esta familiaridad, pues nos conocemos desde el Mesozoico de mis inicios profesionales, me reconocerás que en esta vida, y en la otra supongo que también, hay mayúsculas y Mayúsculas. ¿No podrías mediar para que al menos podamos seguir escribiendo San Santiago Bernabéu? No es por mí, que me adapto, aunque sea a regañadientes, pero sé que algunas y algunos por sus mayúsculas matan. Personalmente, mientras tú, este periódico y mi mujer me permitáis seguir escribiendo Miss Universo así, con respetuosa eme, acataré con disciplina las novedades.

Con la crisis los españoles nos estamos quedando en consonantes devaluadas. No éramos tan mayúsculos. Y algo minúsculo ha resultado el tradicional aguinaldo del Ayuntamiento de León a las monjas concepcionistas: 540 euros, frente a los 970 del año anterior. Sin embargo, lo recibieron con sincera gratitud, saben que Dios no comete faltas de ortografía, aunque escriba derecho con renglones torcidos. Viven en minúscula y aman en mayúscula.

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