Diario de León
Francisco Muro de Íscar
León

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L o ha dicho el Rey en su tradicional mensaje de Navidad que, por cierto, alguien trata de apropiarse como casi siempre. Pero vayamos a lo que importa. Don Juan Carlos ha dicho que «es preciso seguir adelante con empeño, ganar la batalla al paro con decisión, constancia y firmeza; mejorar en productividad y competitividad, en educación e innovación; y volver a situar a nuestra economía con visión de futuro en el pelotón de cabeza, manteniendo nuestra protección y cohesión social». Todo eso se resume en algo muy sencillo: una educación de calidad. El déficit español en este terreno es el que explica que pese a tener más población escolarizada que nunca, nuestro progreso sea limitado, pobre, insuficiente para tener una economía competitiva y una productividad a la altura del mundo en que vivimos.

Por eso me ha sorprendido agradablemente, y espero que se confirme, que en el nuevo Gobierno de Artur Más en Cataluña, no sólo la economía a va estar en manos de un personaje reconocido y con ideas, como es Andreu Más-Colell -”falta hace alguien que tenga una idea de cómo salir de la crisis y de cómo sacar a Cataluña del desierto en que la habían sumido-” sino que la cartera de Economía va a llevar añadida la de Universidades, desgajada de la de Educación, donde también parece que va a llegar una persona inteligente como es Irene Rigau, que no cree en los viejos tópicos de lo público-privado-concertado y que apuesta por la calidad.

Unir Economía y Universidades supone una ruptura con la realidad y una apuesta inteligente. La Universidad española debería ser la punta de lanza del cambio político, económico y social, del desarrollo como país, del futuro, pero es un reino amurallado, autocomplaciente y sin peso social. Si Más-Colell logra ponerla a funcionar con exigencia y rigor, hacer que esté en la innovación, en la formación de profesionales de excelencia, en el análisis del mundo social y laboral, en el debate filosófico y político; si logra que la Universidad se sienta vanguardia de la sociedad y se mezcle con las empresas y con el mundo innovador , tal vez podamos empezar a pensar en un futuro mejor. No es fácil por la endogamia y la autocomplacencia, pero es Navidad y hay que creer en los milagros y en los buenos deseos.

Se lo acaba de decir Benedicto XVI a 5.000 jóvenes universitarios italianos reunidos en Roma: «En nuestros tiempos se siente la necesidad de una nueva clase de intelectuales capaces de interpretar las dinámicas sociales y culturales, ofreciendo soluciones no abstractas sino concretas y realistas. La Universidad está llamada a desempeñar este papel insustituible». El diagnóstico es claro. Lo que falta es que los políticos y los universitarios se lo crean y se pongan a ello.

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