Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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V ivimos en un tiempo de renovación de v alores y el noble arte de fumar, que Oscar Wilde describió como el placer perfecto sintetizado en cinco minutos, está hoy peor visto que sacar a bailar al obispo. El virtuoso gobierno de Zapatero sigue con el libro de normas bajo el brazo y, puesto que el paro y otras zarandajas parecen temas más bien indigestos de manejar, ha dedicado el arranque del 2011 a combatir con saña el vicio nefando del fumeque, dictando una avalancha de prohibiciones bajo el precepto de «ojo abierto y mano dura».

Para atajar semejante calamidad nacional han dispuesto mecanismos como el chivatómetro, artilugio represor que te permite denunciar al pérfido infractor. Y eso impulsado por un partido resignado a que la porción más adinerada de la población se inhiba en buena medida de sus obligaciones con Hacienda, según denuncian los propios inspectores, mientras que los fumadores entregamos a las arcas públicas cuatro de cada cinco euros dedicados a la práctica criminal de fumar. ¡Qué razón tenía el gran Sandro Pertini cuando dijo que de los fumadores solo se puede aprender tolerancia, pues no conocía a uno solo que se hubiera quejado de los no fumadores.

Siguiendo una prédica de resignación cristiana, ahora nos toca sacar pecho y fumar en la calle. Y puesto que todos sabemos como se las gasta el clima de León, solo soportable a decir del clásico por los bueyes y algún cura que otro, yo mismo he sido testigo presencial de una sopletada. Es decir, de la aplicación de una cura urgente a base de soplete para un parroquiano que, a la puerta del bar, figuraba ser una estalactita. ¿Por qué no dejar de fumar? Pues yo respondo lo mismo que el actor Jhonny Deep: ¿Por qué lo voy a dejar si es lo mejor que sé hacer?

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