Diario de León
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León

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Patético sería el adjetivo más adecuado -si se ol vidan las connotaciones que el término puede tener de conmiseración- al último comunicado de ETA. Una banda en creciente soledad, acorralada en sus propias contradicciones y cuyos -˜intelectuales-™ son incapaces de redactar unas líneas en las que se diga simple y llanamente: se acabó, renunciamos a la violencia, abandonamos las armas.

No hay nada de eso en esa declaración acompañada de la tradicional y ridícula puesta en escena que parece propia de una siniestra cofradía o arrancada de una película de Berlanga. Pese al inmenso hastío que producen las periódicas apariciones de los miembros de este colectivo, el profundo deseo de la sociedad de poner punto final a tanta sinrazón explica que se busquen, entre la barata y repetida hojarasca verbal, aquellos puntos y -˜reflexiones-™ que permitan alguna lectura positiva que ayude a desbrozar el camino hasta la desaparición total de la banda. Pero la verdad es que cuesta. Haciendo de nuevo terrorismo del lenguaje (¿pueden ser un -˜alto el fuego-™, o una tregua, -˜permanentes-™?), en el texto se encuentran algunas claves que podrían ser novedosas, sobre todo ese «compromiso firme de ETA con un proceso de solución definitivo y con el final de la confrontación armada». Pero enseguida se echa tierra al atisbo de optimismo con el corolario de que «ETA no cejará en su esfuerzo y lucha por impulsar y llevar a término el proceso democrático, hasta alcanzar una verdadera situación democrática en Euskal Herria». Al parecen no se han enterado estos individuos que los vascos eligen libremente desde hace 30 años a sus representantes. Tampoco parecen reconocer que no son los que mandan y que, si en un largo periodo llegó a parecerlo, lo fue a golpe de goma-2 y tiro en la nuca.

Sólo, en fin, una lectura muy interesadamente optimista de ese comunicado permite vislumbrar un cambio de actitud que pueda abrir alguna espita en ese mundo enrarecido. Pero que se exploren esas salidas no significa desviarse ni un ápice de lo esencial: la derrota definitiva de ETA con las armas de la ley y la justicia. Es mucha la sangre que clama por ello.

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