Diario de León
Publicado por
MIGUEL ÁNGEL VARELA
León

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Robert Muro, un médico al que se le atravesó el teatro y quedó enganchando en sus ramas, es, entre otras muchas cosas, el autor de un blog de gran interés sobre asuntos de gestión y cultura. En unas de sus últimas entradas lamentaba el cierre del Chillida Leku, el espacio museístico dedicado al escultor vasco creado en un caserío cercano a Donosti, y ponía el dedo en la llaga del problema: «es, evidentemente, un problema de gestión, de marketing, de pensar en el cliente, ese ciudadano que ha oído hablar de la obra de Chillida y quiere conocerla».

En la capital de Galicia se han inaugurado esta semana los dos primeros edificios -archivo y biblioteca-, de un complejo arquitectónico genéricamente denominado Ciudad de la Cultura. Después de diez años, el diseño de Peter Eisenman se muestra en una mínima parte con un coste cuatro veces superior al inicialmente previsto, que ya era una cifra de mareo. La obra, contundente, curvilínea y faraónica, ha devorado a sus propios críticos y a gobiernos de diferentes siglas, avanzando con la pesadez de una pirámide hacia un destino incierto, como muestra quizá última de la arquitectura espectáculo post-Guggenheim, que tanto éxito ha tenido en esa España de nuevos ricos ahora quebrada. Uno de los principales problemas de la Ciudad de la Cultura es que, como pide Robert Muro, nadie ha pensado en el cliente, en el ciudadano que va a usar esas carísimas instalaciones, de viabilidad económica y social bastante difusa y levantadas al margen de la realidad cultural gallega.

En la «región comarcal» del Bierzo también tenemos nuestros problemillas a la hora de gestionar los recursos patrimoniales. Hace unos días, la Junta ha declarado Espacio Cultural al paraje de Médulas, equiparándolo a la Sierra de Atapuerca y buscando con la medida tanto el incremento de la protección de este singular yacimiento como la mejora en su gestión. Una declaración que llega trece años después de que la Unesco incluyera esta mina romana en su lista de Patrimonio Mundial, tiempo durante el cual se han aplicado en la zona las más peregrinas actuaciones de una miríada de administraciones y sociedades, a mayor gloria de cada una de ellas y sin que nadie mantuviera un mínimo criterio dentro de una visión global de un recurso al que se explota caóticamente, con grave riesgo para el propio espacio. Sería de agradecer que el Plan de Uso y Gestión actualmente en redacción supere no ya la duplicidad de servicios sino la propia competencia entre quie nes los prestan y organice las abundantes posibilidades del espacio mediante el rigor y la planificación coordinada de acciones. Aunque ello suponga obligar a los políticos a pensar, como pide Muro, en el ciuda dano cliente.

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