Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Qué tiempos aquellos cuando los periodistas podíamos culpar de todo al duende del taller, incluidos el asesinato de Prim o que se nos hubiese olvidado comprar el pan. Ahora el gazapo pertenece a quien lo trabaja, es decir, a quien lo comete. En mi anterior columna ubique la exposición «Raíces» en el Palacio de Don Gutierre en vez de en el Palacio del Conde Luna, fue un cruce de cables medieval, pues había visitado la muestra varias veces. Pero como los asuntos palaciegos no han de rectificarse despacio, dicho queda, no vaya a ponerme una querella el espíritu de don Pedro Suárez de Quiñones. Afirmaba Freud que los errores en el lenguaje reflejan deseos reprimidos. Eso serviría para explicar por qué un año en vez de ¡Viva la Constitución! me salió un ¡Viva la constitución de Miss Universo!, y quizá por qué Trillo gritó ¡Viva Honduras! cuando debía gritar ¡Viva El Salvador!, y eso que ya tenía el listón muy alto con su célebre «Manda huevos», que se le escapó inocentemente, como a otros una ventosidad. No obstante, hay inconscientes e inconscientes, como hay gazapos y gazapox.

En días pasados, Dolores de Cospedal durante los «Los desayunos de TVE» afirmó: «lamentablemente, y digo lamentablemente, el próximo gobierno de España yo estoy convencida va a ser del PP». Hay días en que no sabes si tu cerebro trabaja para ti o para el enemigo. El directo, como el columnismo, tiene estas cosas.

«Anacleto nunca falla», decía aquel personaje entrañable de los tebeos. Pero lo cierto es que fallaba siempre, porque el único que nunca lo hace es el corazón, infartos aparte. Por ello, no fue lapsus, sino sarcasmo, ese «yo también te quiero, Isabel» con el que alcalde de León ha contestado a la presidenta provincial del PP, quien previamente le había calificado de «el peor alcalde de la historia» afirmación un tanto apocalíptica, sobre todo si tenemos en cuenta que debe guardar algún gran improperio para la campaña; seguidamente, sin más distancia que una simple coma, Carrasco añadió: « y en las próximas elecciones le pondremos en la calle, que es donde le corresponde». En algunos y algunas, el roce no hace el cariño, sino las chis pas. La erótica del poder es así. Puro gazapo.

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