PANORAMA
Incontrolable
De repente, como suele pasar con los grandes descubrimientos, (desde Newton con sus manzanas a aquel abate que al estropear el vino blanco halló el champán), Zapatero ha asomado a la ventana de la realidad para descubrir que el gasto de las comunidades autónomas es desorbitado e insostenible. Aceptemos que nunca es tarde si el hallazgo es bueno, tal y como debió pensar el abate Pérignon en la abadía de Hautvilliers. Lo que sorprende de este «¡eureka!» del abate Dom Zapatière no es tanto que se haya dado cuenta de la inmensidad del despilfarro si no que haya sido ahora, a pocos meses de llegar a las elecciones autonómicas cuando el pescado parece vendido.
Toda administración tiende a la expansión de sus gastos de manera incontrolable así cómo se hace manejar con un gran timón que le impide movimientos a corto plazo; las autonomías son una nave gobernada por el timonel del Titanic que navega por el mar de los agujeros negros. Lo que pretende el presidente de Gobierno es un acierto, otra cosa es que le vaya a tocar aplicar esos recortes a él puesto que el agujero negro amenaza con tragárselo. Camuflados en los años de la opulencia, o directamente solapados en el escandalillo local, las autonomías han tirado con pólvora del rey que ha dado gusto, (incluso los menos monárquicos han usado esa pólvora para crear delegaciones diplomáticas en el extranjero).
Y, junto a esas desmesuras que son visibles y «denunciables», existe la alegría de la tarteja visa del alto cargo para viajes y comidas, así cómo el uso a tutiplén del coche oficial, (de tal manera que el día en el que se le ponga coto a tamaña desmesura me parece que una marca alemana de coches va a tener serios problemas). De todo esto se ha dado cuenta todo el mundo menos el Gobierno, y su presidente, hasta que no le han preguntado los del Financial Times . Añadamos: a buenas horas mangas verdes, aunque este giro lingüístico no sé cómo se puede traducir al inglés con toda la carga de golfería que encierra el término.
El ciudadano recortado, congelado y atribulado, contempla con pesimismo cómo a él le impide fumar pero a las administraciones autonómicas no se les prohíbe gastar. Si tanta era la voluntad por acabar con una sangría económica se podía haber afrontado antes el asunto. Ahora el problema lo tiene el Gobierno que puede ser víctima de la ira de los gobernados que se sienten algo molestos por su tardía reacción. No es posible que las cosas hayan cambiado para todos los ciudadanos menos para sus gobernantes, ese argumento no hay quién se lo crea. Caer, ahora, en la cuenta convierte a Dom Zapatière es un personaje de Michael Ende, cambiemos La Historia Interminable por «El Gasto Incontrolable».