TRIBUNA
Sentido común y minería
E n estos últimos días, estamos viendo con increíble pasividad y sin sentido común alguno, como el Grupo Victorino Alonso, notifica mediante burofax el despido a un considerable número de trabajadores, la mayoría de los cuales, con más de veinte años en las explotaciones mineras. Dos de estos trabajadores, con gran valentía y buen sentido común, están apostados delante de las oficinas de la empresa en Ponferrada, reclamando su readmisión. Dos luchadores que participaron en la marcha minera, reclamando un futuro para ellos y sus compañeros.
Dos buenos trabajadores, compañeros sinceros y luchadores ejemplares, que como decía Marcelino Camacho: «Ni los domaron, ni los doblaron ni los van a domesticar». Es sangrante, que los empresarios mineros tomen estas medidas intolerables y sin sentido alguno, cuando han explotado los recursos naturales de nuestra tierra, logrando pingues beneficios. Unos recursos de todos y todas, ya que como la Ley nos dice, todos los yacimientos de origen natural y demás recursos geológicos existentes en el territorio nacional, son bienes de dominio público, cuya investigación y aprovechamiento el Estado podrá asumir directamente o ceder en la forma y condiciones que se establecen en la presente Ley y demás disposiciones vigentes en cada caso.
Nos dice el sentido común, que estos despidos son el preámbulo, de un gravísimo problema a muy corto plazo, ya que a medida que se reduzcan las ayudas, se aumentarán los despidos. Al no existir una alternativa real a la minería del carbón, después de destinar ingentes cantidades de fondos a una reindustrialización ficticia e inexistente, los trabajadores despedidos al igual que nuestros jóvenes, tendrán que hacer la maleta y como nuestros antepasados, emigrar a otros lares en busca del pan.
Después de lo acaecido en estas últimas fechas, con el Decreto que sería la solución de todo y es la de nada, con la prórroga de las ayudas que finalmente se terminarán en 2018 y no en 2014, pero se terminarán. Con el engaño de los empresarios mineros, que ahora dicen que un 40% de las minas serán rentables sin ayudas. Con unos estamentos públicos que sólo les ha preocupado las ayudas para hacer merenderos, plazas mayores y demás obras, pero que no han reclamado un Plan serio y preciso de reindustrialización para las cuencas, creado conjuntamen te por Junta, y Gobierno Central, supervisado por la Unión Europea. Por si esto fuese poco, existe un destrozo ambiental irreparable que sufriremos nosotros y nuestros descendientes. ¿Dónde están las restauraciones? ¿Dónde está el dinero que avala las mismas? ¿Donde está la administración que tendría que velar por estas restauraciones?
En este país hemos sido como la cigarra, en la fábula de Esopo «La cigarra y la hormiga», queda poco tiempo para rectificar, ya que la Unión Europea será tan cruel como fue la hormiga. Por tanto, como nos dice el sentido común, no será más adecuado destinar las ayudas para reindustrializar y no para cerrar. Cuál es la poderosa razón, que impide juntarse tanto a Gobierno Central, como a la Junta de Castilla y León, para crear un Plan serio y concreto de reindustrialización, que asegure el futuro empleo en las cuencas. Esperemos que el sentido común, siente a Gobierno y Junta para resolver lo antes posible este grave problema, ya que como se dice, el sentido común es una facultad que posee la generalidad de las personas, para juzgar razonablemente las cosas, aunque me temo q ue como también se dice, el sentido común es el menos común de los sentidos..