Diario de León
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ANTONIO PAPELL
León

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España está sumida en una paradoja que, simplificadamente, puede describirse así: la crisis económica, que obliga a un ejercicio de realismo sobre nuestras verdaderas capacidades, está poniendo de manifiesto ciertos excesos y disfunciones del Estado de las Autonomías, muy oneroso en su concepción actual, y ello suscita opiniones cada vez más extendidas en el sentido de que hay que proceder a una racionalización del modelo. Sin embargo, Cataluña, dolorida y molesta por el fracaso -tanto objetivo como sobre todo subjetivo- de la reforma estatutaria, interpreta estos movimientos como un anuncio de nuevos intentos recentralizadores, parecidos a la LOAPA de 1981 que las fuerzas políticas, amedrentadas por el 23-F, lanzaron contra el sistema y que el Tribunal Constitucional tuvo que desmontar porque se oponía frontalmente al espíritu centrífugo de la Carta Magna.

Es muy ilustrativo observar que la irritación catalana ante estas tentativas supuestamente antiautonomistas (no se deben confundir las muestras de clara hostilidad al Estado autonómico con las propuestas de racionalización neutrales ideológicamente) no tiene correspondencia en el País Vasco. La razón es obvia: Euskadi (como Navarra) ya disfruta de un régimen singular, que no está sujeto a los avatares de las demás comunidades autónomas. El concierto otorga a Euskadi una capacidad de autodeterminación que, aunque no satisface plenamente a los nacionalistas (que, por definición, son siempre insaciables), sí deja a la comunidad autónoma al margen de los debates sobre la 'federalización' de España.

Pocos podrán negar que la pacificación de las relaciones Cataluña-Estado requie re la concesión pactada a Cataluña de un statu quo singular. No necesariamente igual al concierto económico pero sí diferenciado del «régimen general». La fórmula del «café para todos salvo vascos y navarros» chirría en Cataluña, donde el nacionalismo no independentista ya evoca la «Constitución de Gades», o aquel escorzo constitucional planteado por la UCD en los comienzos del período constituyente que reflejaba el proyecto republicano y que no prosperó: un Estado federal homogéneo con tres comunidades dotadas de un Estatuto de autonomía. Enric Juliana lo explicaba este domingo en «La Vanguardia».

Por resumir: la racionalización del Estado de las Autonomías, que es inaplazable, debe incluir la singularización de la autonomía catalana. Habrá que ver si ello requiere o no reforma constitucional -en principio, no habría de ser indispensable-, pero si se analiza el asunto con la debida profundidad, se verá que no hay otro camino realista hacia la estabilización de un modelo tan fecundo como cargado de imperfecciones.

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