Diario de León

TRIBUNA

En el Día Mundial de la Mujer Viuda

Publicado por
Mercedes G. Rojo. Colaboradora de la Asociación de Viudas de Astorga.
León

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Hoy, día 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de la Mujer Viuda. Con tal motivo me gustaría llamar la atención sobre la realidad de unas Asociaciones, las Asociaciones de Viudas que se enmarcan en la CONFAV (Confederación de Federaciones y Asociaciones de Viudas), que llevan más de 40 años luchando por los derechos de estas mujeres y de sus hijos e hijas en nuestro país. En el caso de nuestra provincia son cuatro las asociaciones que día a día trabajan por y para este colectivo. La más grande de todas ellas es la de León capital. Pero también las de Astorga, La Bañeza y Veguellina de Órbigo, ofrecen a este colectivo apoyo y actividades para desarrollarse día a día como mujeres aún vitales, con muchas metas que lograr en la vida.

Fue en 1994 cuando, reunido en asamblea internacional en la ciudad suiza de Ginebra, este movimiento internacional decide que es necesario instaurar una fecha específica dedicada a la Mujer Viuda, como llamada de atención general ante la situación que este colectivo de mujeres estaba sufriendo en todo el mundo, tanto en la sociedad occidental más avanzada como en aquellas otras que se encontraban en el momento inmersas en fuertes conflictos bélicos, y donde las mujeres -más aún las mujeres viudas - se convierten en víctimas fáciles de todas las partes que mantienen la contienda, perdiendo hasta sus derechos más elementales. Todas estas situaciones parten de una clara situación de desigualdad en todo el mundo, provocada por siglos de marginación, de aislamiento, de negación a la mujer del fundamental derecho a la educación, a su independencia, etcétera, que han hecho de ellas, desde siempre, personas abocadas a sufrir todo tipo desprecios, a verse minusvaloradas, ignoradas, maltratadas, silenciadas...

A menudo nos escandalizamos de su situación en lugares como India, donde las viudas son relegadas por una sociedad que las arrincona en viviendas inmundas, negándoles el derecho a sobrevivir dignamente, obligadas incluso a autoinmolarse en la misma pira en la que arderá el cadáver de su marido. O de aquellas otras sociedades donde se las fuerza a contraer nuevo matrimonio con un hermano o familiar directo del fallecido para mantener el estatus familiar; o cuando se las acusa de adúlteras al descubrir un embarazo que, circunstancialmente, no había sido detectado aún en vida del marido; y... Sin embargo, a menudo obviamos las limitaciones sociales a las que la mujer viuda ha estado sometida (en algunos casos aún lo está) en nuestras sociedades occidentales, «más tolerantes», «más desarrolladas», donde la igualdad y los derechos llenan a menudo la boca no sólo de la clase política sino también de la gente de a pie, mientras las acosan con comentarios muy poco acertados sobre sus cambios de aspecto o sus hábitos sociales-¦; o, más sutilmente, van tejiendo complicadas redes que familiar y socialmente las empujan hacia la obligada asunción de todo tipo de «cargas» familiares (nietos, personas enfermas, padres y madres ancianos, miembros de la familia con diversos tipos de minusvalía-¦), liberando de las mismas a otros miembros de la familia. Porque, claro, ellas ya lo tienen todo hecho en la vida y, ahora que ya no tienen marido con el que compartirla, qué más van a esperar de ella, a qué otra cosa si no van a dedicarse para «ser útiles» a la sociedad. Eso sin contar con que muchas de ellas, abocadas por edad a vivir solo de la pensión que les queda del marido ya que en su momento renunciaron a tener un trabajo propio, se encuentran viviendo en el umbral de la pobreza. O bien, para evitarlo, tienen que pasar a depender de sus hijos, renunciando a su vivienda propia y, por ende, a su libertad y a su independencia, siempre con la maleta a cuestas y a expensas de las decisiones de estos. Está claro que ésta que describo no es la situación general, pero sí la que viven aún un amplio número de viudas, incluso en nuestro país.

Volviendo a las asociaciones, han sido éstas -desde hace años- un baluarte para velar por los derechos de estas mujeres, facilitándoles un espacio en el que compartir preocupaciones, encontrar asesoramiento (legal, médico, psicológico, familiar,-¦, de todo tipo), adquirir formación, descubrir nuevas amistades con intereses comunes, reforzar su capacidad de autoestima-¦ En resumidas cuentas, sentirse aún vivas y útiles, aprendiendo a vivir de nuevo, sin ningún tipo de remordimientos por no plegarse al papel que la sociedad les tenía destinado, aún sin contar con ellas. Entre esas tareas está una, quizá la más importante aunque seguramente la más desconocida, la de conseguir mejorar sus derechos económicos y sociales.

Desde que existe la CONFAV, hace ya 18 años, se reforzó el continuo proceso de reivindicación sobre la situación de la mujer viuda en España iniciado por las asociaciones. Y, aunque aún queda mucho por hacer, mientras tanto, la presión de la Confederación en foros como el Pacto de Toledo, y directamente sobre los distintos gobiernos, han conseguido dignificar poco a poco las pensiones mínimas de viudedad, y también todo lo referente a la cobertura de huérfanos y huérfanas. Sin olvidarnos de su importante apuesta por mejorar en todos los ámbitos la formación de estas mujeres.

Las viudas constituyen una poderosa fuerza social que aún tiene que descubrir el poder intrínseco que poseen y estoy segura que muy pronto podemos ser testigos de ello. Porque si el día 2 de febrero (día de las Candelas, día de la Luz, escogido como un canto de esperanza para estas mujeres que en tantas ocasiones se han visto sumidas en la desesperanza) se conmemora el Día Mundial de la Mujer Viuda, un poco más tarde, concretamente el 10 de abril, se celebrará en el Hostal de San Marcos, la Asamblea Regional que reunirá, en nuestra ciudad, alrededor de quinientas viudas provenientes de toda la Comunidad que debatirán sobre «la problemática de la renovación» como tema de telón de fondo, en un encuentro que tocará otros muchos temas de interés para este colectivo como las pensiones, la formación o las actividades que unas y otras realiz an año tras año, buscando preocuparse tanto por el presente como por el futuro de cada una de las personas que integra este colectivo.

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