AL TRASLUZ
Un honor
Cuando empezaba en este oficio, entrevisté en la terraza del Victoria a Miliki, quien estaba en León para actuar ante un niño ciego. Al despedirnos, me dijo: «adiós, y quiere mucho a tus padres», y su hija Rita me sonrío, con una sonrisa de cristal. Hace unas semanas, recordé estas bellas palabras al leer el excelente libro sobre el hotel madrileño Adler, propiedad de la familia leonesa Vázquez. No hay una página en la que no se perciba el amor de los suyos hacia Antonio Vázquez Cardeñosa, quien ayer nos dejó, tras su ejemplar batalla de la que no salió derrotado, pues la muerte no es el final, sino otro principio. Viendo en dicho libro una fotografía suya, con la huella de la enfermedad, pensé que todo deterioro físico es un espejismo, pues la nobleza de su expresión seguía intacta, incluso sublimada. Hay a quienes el sufrimiento engrandece y a quienes, en cambio, solo adentra en los subterráneos del dolor. Antonio era excelente persona y la enfermedad le hizo serlo aún más.
Sí, no hubo derrota alguna, pues no fue vencido en su lucha contra la enfermedad; simplemente, aguantó hasta dónde pudo. Para Mamen, su mujer, la expresión «en la salud y en la enfermedad» no ha sido un formulismo sino un compromiso y una convicción; hace ya tiempo, tuve ocasión de charlar un rato con ella, en la presentación de un libro de un amigo común, y de expresarle mi solidaridad con su vivencia, además de mis sentimientos de gratitud como periodista que se formó en la etapa en que la que esta empresa pertenecía a la familia Vázquez.
Durante su brillante labor en Diario de León consolidó la modernización del periodismo leonés, la llevó a niveles que hasta entonces no se habían alcanzado. Y le aportó su buen gusto cosmopolita, además de una concepción humanista de las relaciones laborales, que únicamente quedaba disimulada por su timidez, que supo convertir en elegancia. Deja a sus hijos un gran legado de conducta, la mejor herencia posible: vivir y morir rodeado del amor incondicional de tu familia. A él se le ocurrió el genial nombre de la sección «Crémer contra Crémer». Tenía un humor rápido y fino, como el de su padre. Hasta siempre, Antonio. No fuiste derrotado. Fue un honor trabajar para ti.