Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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En León hay partidos que aspiran a ganar las próximas elecciones, otros a perder lo menos posible y también hay algunos que expresan su deseo de ser llave. ¿Maestra, de judo, inglesa? Pues no, llave de la gobernabilidad municipal, y lo anuncian así, con desparpajo, como quien pide un trabajo donde se gane mucho y se trabaje poco. Quieren que sus votines les conviertan en el tres por uno de todas las cerraduras postelectorales. Cada vez proliferan más tales aspirantes a serenos de la política municipal. Los hay que ya ni se cortan en proclamar que su máxima aspiración es seguir siendo el portador de la llave maestra de su consistorio; vamos, que le han cogido gustillo a eso de gobernar de rebote. Todos ellos le dan un toque de misterio a sus predisposiciones: quizá con el PP, o puede que con el PSOE, sin descartar a la Compañía Nacional de Coros y Danzas; en definitiva, hasta con Georgie Dann si se tercia. ¿Ganar las elecciones? Ni hablar, qué responsabilidad, cuánto estrés, menudo rollazo.

Es apropiado que haya, como en fútbol, partidos, partidetes y partidines, pero presentarse a unas elecciones para ver si te toca un pacto en la pedrea ya me parece hacer malabarismos con la democracia. Si el ganador ha de gobernar con fuerzas minoritarias la presencia de éstas en las decisiones debería ser proporcional a su respaldo real en las urnas, pues lo contrario es dar galones de general a quien la ciudadanía sólo concedió rango de cabo. Todo sea por la gobernabilidad, me dice un amigo; ya, pero con decoro. En la política leonesa se han ofrecido alcaldías, presidencia de cajas y hasta besos a tornillo. El bueno, el feo, el malo... y el del manojo de llaves, que queda muy zarzuelero.

A priori, nada hay de inmoral en pactar, ni en que los partidos con menos representación faciliten tareas de gobierno, participando expresamente en ellas o apoyándolas de manera puntual, pero esto no se puede convertir en la razón primera y última de su existencia. Ciertos mercadeos de votos chirrían. Vale, el socorrido «Sésamo, ábrete» sólo le funciona a Alí Babá. A veces, no queda otra que llegar al pacto. Pero hay serenos cuyas llaves oxidan las puertas que abren. Dónde esté un buen portero automático.

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