Diario de León
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PEDRO VICENTE
León

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Si en todo tiempo resulta difícil racionalizar el debate político, a tres meses de unas elecciones ese empeño constituye misión imposible. La proximidad de las urnas pr opicia un guirigay donde es imposible distinguir los ecos de las voces, que diría el poeta, y en el que todos tratan de colocarnos como sea su mercancía por muy averiada que sea. Es la habitual ceremonia de la confusión, casi un pandemonium, de las campañas electorales, en las que caben todo tipo de fintas, juegos malabares y brindis al sol.

En este contexto se enmarca la persistencia del alcalde y máximo dirigente del PSOE leonés, Francisco Fernández, respecto a la constitución de un grupo socialita leonés en el próximo Parlamento de la Comunidad. A estas alturas ya ha quedado claro que dicho grupo sólo podría constituirse bajo la premisa de que los socialistas leoneses concurran a las elecciones autonómicas bajo una marca diferente a la del PSOE. Dada dicha posibilidad está descartada, el asunto no admite discusión: La constitución de dicho grupo constituye un imposible metafísico.

Pese a ello, Fernández insiste en ese brindis al graderío leonesista, al que lleva haciendo guiños desde que accedió a la alcaldía de la mano de la UPL. Tan descarado intento de pescar votos en el caladero de su propio socio municipal a estas alturas a nadie coge de sorpresa. Tampoco a la dirección autonómica del PSOE, que conoce perfectamente a qué juegan los socialistas leoneses. De hecho en vísperas del congreso autonómico del partido que eligió a Óscar López (septiembre del 2008), el PSOE de León amagó con esta misma reivindicación del grupo parlamentario, sin que después, llegado el momento, llegara a plantearla. Y en agua de borrajas quedaron igualmente aquellas enmiendas de signo leonesista promovidas por la coalición de gobierno municipal durante la tramitación parlamentaria del Estatuto de Autonomía.

Cuestión completamente diferente es que desde el ámbito interno el PSOE de León se plantee coordinar e impulsar el trabajo colectivo de sus procuradores dentro del grupo parlamentario socialista de las Cortes. Pero eso no es crear un grupo propio, sino optimizar esa representación política, cuyo rendimiento en la presente legislatura puede calificarse como manifiestamente mejorable. Globalmente considerada, la labor de los siete procuradores del PSOE de León ha estado muy por debajo de su potencialidad, ha carecido del protagonismo que correspondía y ha transmitido cierta sensación de apatía en la defen sa de las reivindicaciones leonesas (frecuentemente enarboladas en solitario por Joaquín Otero). Potenciar ese trabajo que tanto ha dejado que desear debería ser el verdadero objetivo político del PSOE leonés.

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