LA 5ª ESQUINA
El arte es una cosa muy grande
Si hay una definición para el arte, no la hizo Andy Warhol con más solvencia que Lola Flores cuando, en un arranque de inspiración, dijo que el arte era una cosa tan grande, que no se podía aguantar de lo grande que era. Y después de lanzar esta tesis doctoral, levantó los brazos y agitó las manos mientras canturreaba aquello de «como me la maravillaría yo, como me la maravillaría yo...» Las demás definiciones, en esta compleja materia, pueden resultar con más apariencia que contenido, que diría Caro Baroja.
Las manifestaciones artísticas son consideradas como una parte de la cultura global, ya que el arte es expresión, lenguaje, comunicación... Pero no todo es arte. También hay falsificaciones, como en la historia (acierta el general Armada cuando dice que aún no se sabe todo del 23-F) y nuestra tarea -en todas las épocas- es superar ese «sistema de clanes intelectuales que hacen imposible la crítica veraz», que decía Ramón Carnicer, rescatado por José Enrique Martínez en su última obra «Voces del Noroeste». La misión del artista es perseguir la verdad y su obra debe reflejar los tiempos presentes sin complejos, temores o servilismos. José Alcina Franch, estudioso del arte desde la perspectiva de la antropología, coloca al artista como creador de un lenguaje, de patrones simbólicos que deben ser comprendidos dentro de su propia sociedad y a partir del cual el creador se comunica con sus coetáneos con determinados mensajes que además de ser comprendidos, son esperados por los miembros de esa sociedad.
Decía Carnicer, refiriéndose a Pío Baroja -al que calificaba de sincero e independiente-, que el hombre que acepta los hechos, no de una manera rutinaria y conformista, sino desde una actitud crítica, es un hombre auténtico. Por eso, los grandes artistas, los verdaderos intelectuales, buscan lo auténtico frente a lo superfluo ejerciendo su tarea con absoluta seriedad, sin palabrería y sin ceder ante la frivolidad o la retórica vacía, algo tan común en las sociedades llamadas civilizadas.
Hace 30.000 años encontramos las primeras manifestaciones artísticas que fueron animales pintados en cuevas o estatuillas de mujeres con anchas nalgas y pechos descomunales. Desde aquellos bisontes coloristas de Altamira hasta las originales moscas de Eduardo Arroyo, el ser humano sigue buscando el sentido a su existencia desde un fecundo dialogo con el arte, aunque siempre bajo la amenaza de esa nube negra de moscas, a la que se refiere el artista, «que cada vez viven mejor, porque ya nadie se mete con ellas. Las hemos aceptado y eso es lo peor»... Había que hacer algo.