editorial
Monumentos a la ineficacia
La palabra es estupor. No es de recibo que el flamante centro de discapacitados de Fabero, en el que la Admminisración central invirtió 4,3 millones de euros, siga cerrado desde hace tres años. Es comprensible la impotencia de Cáritas, -a la que se encargó la gestión del centro-, ante la imposibilidad de abrir las instalaciones mientras no se garanticen las subvenciones vinculadas a la Ley de Dependencia, imprescindibles para comenzar la actividad. La frustración es grande porque el centro ya debería estar funcionando como centro de día para 25 personas y como residencia de grandes discapacitados para otras 50 personas.Los responsables de Cáritas multiplican sus gestiones pero el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad da la callada por respuesta; también a este periódico. Es a este Ministerio -cuya titular es Leire Pajín- al que corresponde dar una solución por más que se trate de un proyecto que, en su día, fue promovido por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y en el que la berciana Amparo Valcarce tuvo un papel determinante. Ya sabemos todos que estamos en tiempos de recortes y contención del gasto pero la crisis no puede ser el parapeto donde se esconda la ineficacia. Y, hoy por hoy, ese llamativo edificio es precisamente eso: un monumento a la ineficacia.